Seichim Seikhem (cura egipcia)

La Energía de los Sacerdotes Egipcios y los Símbolos Sagrados impartidos por esta gran civilización nos conectan con una profunda sanación que nos alinea con el Gran Sol Central y nuestras propias Geometrías Sagradas. Es una fuerte y profunda sanación espiritual y alineamiento de nuestros vórtices de energía con el cosmos y las dimensiones superiores. Cada símbolo guarda el poder místico y mágico del antiguo Egipto siendo llaves dimensionales hacia nuestra apertura de conciencia. Se recomienda tomarlo a partir del 2º Nivel Usui.
Está orientado a Maestros de Reiki Usui tradicional y tibetano.

Cada símbolo actúa como un portal secreto hacia los pasadizos de las pirámides y sus secretos, despertando nuestra sabiduría oculta, vivida ancestralmente o en otras vidas.
Es una técnica clave para la ascención espiritual, para los tiempos en que vivimos de grandes cambios, donde necesitamos recuperar nuestras raíces sagradas, y apoyar al planeta en sus cambios cósmicos.
En este final de tiempo de 26000 años, ciclo cósmico, se nos vuelven a dar las herramientas del principio para que cada uno logremos recuperar la herencia divina.

Seichim Seikhem Reiki es redescubierto, canalizado por el Master Patrick Zeigler, quien viajando a las pirámides recibió la orientación de permanecer una noche en la cámara del faraón de la Gran Pirámide. Siente en un momento energías provenientes de otras cámaras, que abren su chakra cardíaco. Luego viaja a EE.UU. y se inica en Reiki Usui, y allí comprende que lo que sucedió en la Gran Pirámide ha tenido relación directa con lo que le estaba pasando al tomar Reiki Usui.
Luego recibe en una canalización de Christine Gerber que lo que él hacía luego de su experiencia en la Gran Pirámide no era Reiki sino Seichim (cura egipcia).
Seichim Seikhem Reiki unifica y potencia las energías del Reiki Usui tradicional (con orígenes en el budhismo) y la geometría sagrada con origen en lo platónico (espiral, círculo, rectángulo, formas sólidas, sólidos platónicos) geometrías sagradas egipcias, seichim, la cura egipcia.

Seichim propicia:
- La oportunidad de un nuevo comienzo y renacimiento.
- El entendimiento, la disposicion y los medios para entrar en contacto directo con todo el universo.
- Facilidad para relajarse.
- Claridad mental.
- Paz y estabilidad emocional.
- Aumento de la autoestima.
- Encontrar la misión del alma.
- La conexión con los Guías espirituales y Maestros como una pura fuente de amor.
- Elimina la sensación de separación con el Creador-todo, abriendo el corazón al amor incondicional.

Símbolos del sistema
Trabajan sobre:

  • El sentimiento de seguridad y confianza en todos los niveles, calman, contienen y centran a la persona.
  • Abren el canal de luz en la columna vertebral, conectando el Cielo con la Tierra, y hacia otros niveles dimensionales, conectando con las realidades superiores.
  • Dan caída al velo de la ilusión, disolviendo las barreras del espacio y el tiempo.
  • Se accede a través de una entrada dimensional, como en los antiguos tiempos egipcios, a la canalización de reinos superiores, como los angélicos, los maestros ascendidos, hermanos mayores, el Registro Akáshico.
  • También se trabaja con cristales.
  • Otros símbolos producen un desbloqueo emocional y álmico.
  • Las sintonizaciones nos conectan con planos superiores, átmico, monádico y búdhico.
  • Otros símbolos trabajan con los elementos, fuego (Ra) y agua. Sanan la memoria celular y limpian toxinas, y dolores a todo nivel.
  • Las aguas vivientes infunden las más altas frecuencias en el sistema energético del iniciado y del paciente.
  • Otros símbolos sellan las rajaduras del aura.
  • Otro simbolo nos conecta con Osiris, Isis y Horus, la Trinidad; limpiando el lodo psíquico. Se usa para codificar, instalar y programar. Sana la rueda kármica.
  • Otro símbolo nos conecta con el Sol Central, el balance divino, conectándonos con el Cristo Interno, la divina Presencia Yo Soy y nuestra ascención espiritual.
    Éste es un sistema secreto, que sólo se transmite a personas que respeten este requisito, por eso es que en esta nota no pueden ser revelados los nombres y figuras de los símbolos. Los mismos son entregados en los seminarios que están abiertos para las almas que quieran resurgir a este gran poder.


    Religiosidad en el antiguo Egipto

    Heródoto escribió que los egipcios eran "los más religiosos de los hombres", y en efecto, la religión estaba presente en todos sus actos y en todos sus pensamientos.
    La participación del pueblo en los actos de culto estaba restringida a las fases públicas de las procesiones y de los funerales solemnes. Solamente la gran explanada situada frente a los pilares del templo era accesible a todos; los que tenían algún título especial podían acceder al gran patio, después de haberse purificado según las prescripciones. Más allá del patio, la admisión era un raro privilegio, que se iba haciendo más estricto conforme se avanzaba hacia el interior, hasta el lugar en que se encontraba la imagen del dios, donde solamente podía entrar el rey o el oficiante que lo representaba.
    En los textos sapienciales, dados a conocer a todos a través de una larga tradición oral, se expresaban el íntimo fervor egipcio y aquellas reglas de comportamiento que merecían ser apreciadas mayormente en su simplicidad, precisamente porque habían nacido fuera de las leyes canónicas; en aquellos escritos, los grandes dioses de Egipto aparecían menos distantes y parecían accesibles a un contacto más humano y directo.
    La devoción popular se dirigía también a divinidades menos altas y solemnes, a aquellos dioses más fácilmente accesibles a los cuales se lograba acceder sin formalidades demasiado complejas y que se podían invocar con expresiones del lenguaje común. Más sencillas, y alejadas de la solemne cadencia ceremonial de los himnos y de las plegarias oficiales; pero también los grandes dioses eran venerados con la misma amorosa confianza.

    Horus. Templo de Edfú


    La religiosidad personal del hombre egipcio seguía, pues, una vía más íntima y sincera, accediendo a una precisa forma de relegación interior entre el hombre y la divinidad. Lo que más choca es que los dioses fuesen los mismos que los de la religión áulica, vistos, sin embargo, en su aspecto más cercano a las exigencias cotidianas de la gente, a la que se mantenía alejada de los grandiosos santuarios en los que las divinidades eran adoradas de manera oficial e invocadas en el curso de unos ritos complicados y solemnes. Esta religión, más sentida y recoleta, hacía por esto mismo más familiares a los grandes dioses que la compleja teología alejaba del hombre para acercarlos de forma ceremonial solamente al faraón, que era la emanación terrestre de la divinidad.


    El culto oficial. El clero

    El templo egipcio era la casa del dios, y el culto cotidiano consistía en una serie de actos prestados a la divinidad. Este servicio diario era el mismo que los servidores rendían a su señor desde el momento del despertar por la mañana hasta aquel en que se acostaba: no era otra la tarea de los sacerdotes.
    Pero el señor al que se servía era infinitamente más exigente que los ricos propietarios o que los altos funcionarios, y hasta que el mismo faraón, porque era un dios, y su presencia sobre la tierra era posible solamente a condición de que nada contaminase su esencia divina. Se requería el aislamiento más completo a fin de que ninguna mirada profana pudiese posarse sobre la estatua viviente; la pureza del templo debía ser desarrollado con el máximo de rigor y con absoluta puntualidad.

    Templo de Karnak
    El oficio matinal era el más complejo y solemne: los portadores de la ofrendas llevaban las bandejas llenas de carne, pan y fruta, ánforas de cerveza y de vino, y disponían su carga sobre la mesa dispuesta en la sala del altar. Los sacerdotes de grado más elevado purificaban los alimentos con aspersiones y fumigaciones de incienso, mientras pronunciaban las fórmulas de la consagración; finalmente, el Gran Sacerdote rompía el sello que, desde la noche anterior, cerraba la puerta de la celda y separaba los batientes pronunciando la invocación de ritual: "Despiértate en paz, gran Dios; despiértate, y la paz sea contigo", y a continuación enumeraba los cuarenta y cinco órganos divinos que tomaban vida en el momento en que eran nombrados: "...Tus ojos iluminando la noche, tus cejas se levantan en toda su belleza... Tú esparces sobre la tierra tu polvo de oro". Cuando el sol surgía en el horizonte, el sacerdote abría la puerta del gran tabernáculo y el dios aparecía al nuevo día, mientras el oficiante, imponiendo las manos sobre la estatua en un simbólico abrazo, le "rendía el alma" recitando la fórmula de la universalidad divina: "Adoro a Tu Majestad con las plegarias prescritas, con las palabras que acrecientan tu poderío... en las sagradas manifestaciones con las que te has revelado desde el nacimiento del mundo". Terminada la simbólica comida de la mañana, la estatua del dios era elevada, purificada, revestida con la ofrenda de las nueve estolas y, finalmente, untada con aceite perfumado.
    Después del ofrecimiento de granos de natrón, de sal mineral y de resma, la estatua volvía a ser encerrada en el tabernáculo, cuyas puertas eran nuevamente selladas, así como también se ponían nueve sellos en los batientes de la puerta de la celda que permanecía cerrada hasta la mañana siguiente, cuando tendría lugar, con el mismo inmutable ritual, la ceremonia del despertar divino.
    A mediodía, cuando el sol estaba alto, en el cenit, se celebraba un nuevo servicio, pero no directamente al dios titular; eran las estatuas de los otros dioses, huéspedes del templo, o la del faraón, las que eran rociadas con agua lustral e incensadas.
    Tampoco el servicio vespertino tenía el complejo ritual que tenía el matutino: el oficio se celebraba en las capillas laterales, donde eran ofrecidos de nuevo alimentos y bebidas; pero las puertas de la celda y del tabernáculo, selladas después de las funciones de la mañana, no se volverían a abrir hasta la mañana siguiente.
    Diariamente, alimentos y bebidas eran servidas al dios, y las del día anterior eran retiradas a fin de que, después de haber saciado simbólicamente también a las estatuas de las otras divinidades presentes en el templo, pudieran ser consumidas por los sacerdotes, que vivían de tales ofrendas, como privilegiados por el soberano, que los había dotado también con las rentas alimenticias del templo.
    De estas ceremonias que acontecían en la parte más recóndita del santuario, en presencia de unos pocos sacerdotes o, en determinados casos especiales, del faraón y de sus más íntimos, nosotros sabemos hoy mucho más de cuanto sabían los habitantes del antiguo Egipto. El pueblo no sabía nada de lo que sucedía en el interior del templo, no estaba al corriente de las diferentes fases de las ceremonias y quizá ni siquiera sabía a qué horas se desarrollaban los ritos.

    Las acciones del clero egipcio estaban, como se ve, totalmente basadas en el culto a los dioses; más allá de estas competencias, los sacerdotes eran ciudadanos normales, si bien de una casta particular. En su condición de servidores de un dios, estaban obligados a ciertas formas de purificación y a determinadas abstinencias; tenían deberes específicos y obedecían algunas prohibiciones; pero, en general, como se verá, muchos sacerdotes tenían también cargos eminentemente civiles. La irreductible carencia de aptitud para el pensamiento abstracto, típica, como se ha dicho, de la antigua civilización de Egipto, provocó un vuelco del concepto fundamental del sacerdocio.
    Una religión basada sobre el culto en vez de sobre el dogma, no tenía necesidad de ministros que iluminasen las creencias en las mentes de las personas; el sacerdote egipcio era un funcionario dedicado exclusivamente al servicio del dios, sin ninguna obligación de llevar a cabo misiones de proselitismo o cura de almas.
    Del caos primordial, los dioses habían extraído el orden cósmico, el ritmo de los grandes fenómenos celestes, de las estaciones, de los días y las noches; toda la armonía del mundo creado estaba representada para los egipcios por la diosa Maat, que regulaba también el orden terrestre, la verdad y la justicia, la armonía y el equilibrio.
    El control de todos los elementos del mundo celeste y del mundo terrestre, que con su armónica alternancia garantizaban a lo creado contra todo peligro de ruina y contra el disgregamiento del orden, era transferido al faraón. Este cargo constituía una reminiscencia ancestral de los tiempos prehistóricos, cuando el jefe del clan reunía en sí la fuerza vital de los súbditos y era el intérprete de la voluntad del dios, el emisario de su potencia mágica, el responsable de la existencia de los hombres de la tribu, dotado de poderes sobre las fuerzas naturales por intervención divina.
    El faraón de los tiempos históricos mantenía el orden universal asegurando el curso divino y dictando leyes para los hombres. Todos los actos del culto eran teóricamente realizados por el rey: en los relieves de los templos, en las pinturas, en las estelas, es solamente el rey el que lleva a cabo los actos del culto. Los sacerdotes egipcios tenían encomendada únicamente la misión delegada de mantener la integridad de la presencia de los dioses sobre la tierra, en los templos donde estos habían puesto su morada.
    La religión popular no tenía nada que ver con ellos, los sacerdotes no tenían relaciones de ningún tipo con la gente común. Su condición era el de los servidores de la divinidad, que cumplían impersonalmente los actos del culto y los ritos de los que únicamente el soberano era el oficiante legítimo. Del mismo modo, el Gran Sacerdote no era más que "el primer servidor del dios".
    Las categorías más comunes de sacerdotes, los "purificados", "... se lavan dos veces al día con agua fría, y dos veces durante la noche" (Heródoto, II, 37). Debían, además, rasurarse todo el cuerpo, "... a fin de que ningún piojo ni ninguna otra inmundicia esté sobre su cuerpo mientras rinden culto a los dioses"; los sacerdotes, además, eran circuncidados. Los autores griegos nos informan de que los sacerdotes no podían comer determinadas partes de los animales debían evitar la carne de vaca, de cerdo, de pécora, de paloma y de pelícano; abstenerse, además, de comer pescado, legumbre y ajo; beber poquísimo vino y evitar las sal. La abstinencia sexual era obligatoria durante el periodo de servicio en el templo, pero no estaba escrito el celibato, aunque, por lo que se puede deducir de ciertas fuentes indirectas, parece que no era permitida más de una mujer.
    El hábito sacerdotal tenía que ser de lino y las sandalias de fibra de palma. Estaban prohibidos los vestidos de lana y las sandalias de cuero. No existen documentos que nos iluminen sobre la preparación al sacerdocio, pero, dada la elaborada jerarquía que se daba dentro de la casta, es probable que al menos los grados más elevados tuviesen una seria preparación de carácter teológico y litúrgico.
    Aunque el cumplimiento de los deberes conexos a la posición sacerdotal fuese relativamente sencillo, el acceso a los rangos del clero era más bien complicado. Teniendo beneficios notables, el número de solicitudes para formar parte del clero era muy elevado. Generalmente se llegaba al sacerdocio por herencia o por adquisición del cargo; rara vez por elección.


    Divinidades egipcias

    Aah. Es puramente el dios de la Luna, lleva en la cabeza el emblema de la luna creciente y el disco solar.
    Ament. Versión femenina de Amon, a veces representada con cabeza de oveja, y otra con cabeza humana y corona del bajo Egipto.
    Amon. Quizás fue el dios más adorado, aunque casi siempre en conjunción con otro dios.
    Amon Ra. Combinación de ambos dioses. Se representa de pie, sujetando en una mano el user y en otra el ankh.
    Anhur. Forma del dios del Sol. Se representa de pie con una lanza en la mano.
    Antha. diosa importada de Asia, representada en inscripciones de Ramsés II y Ramsés III. Es una diosa de la guerra y se representa sentada, con casco, escudo, hacha y lanza.
    Anukit. Diosa tercera en la tríada de elefantina. Su tocado consiste en una corona de plumas, aunque a veces lleva la corona del Alto Egipto.
    Anupt. Diosa encontrada en Dendera, que representa el principio femenino de Ampu.
    Apis. Toro sagrado que los egipcios adoraban desde la antigüedad. Se representaba con forma de toro en cuya cabeza leva el disco con el uraesus (serpiente) entre los cuernos.
    Ari-hes-nefer. Hijo de Ra y Bastet. Representado con cabeza de león y la doble corona, o en forma humana y con tocado con disco, cuernos, plumas y dos uraei.
    Astarté. diosa importada de Siria. Señora de los caballos y los caruajes. Representada, a veces, con cabeza de león.
    Bal. Adorado al este del delta. Es una forma del dios de la guerra.
    Ba-neb-tattu. Se le representa con cabeza de carnero. Su título es "el alma viviente de Ra".
    Bastet. Diosa solar que representa el calor suave del sol. Se la representa con cabeza de gato, llevando un sistrum, una cesta, y un escudo.
    Bes. Dios cuyo culto data de tiempos remotos, de la tierra de Punt. enano grueso y encorvado, con barba y que lleva la lengua fuera.
    Hamhit. Se hace referencia a ella como "La poderosa de Mendes, la esposa del dios del templo del carnero, el ojo del sol, la señora del cielo, la reina de todos los dioses".
    Hapi. El Nilo deidificado en forma humana, mirad hombre, mitad mujer. En su cabeza luce flores de loto.
    Hathor. Su nombre significa "la casa de Horus". Es una diosa del cielo. Es la diosa del amor, la belleza y la alegría. Se representa con cuernos de vaca envolviendo al disco solar. También se la representa en forma de vaca, o amamantando a Horus.
    Heh. Dios de la eternidad. Representado con cabeza de rana.
    Heqt. Diosa con cabeza de rana. Asociada a la idea de la resurrección.
    Horus. Hijo de Isis y Osiris, representado como un niño o un joven, o con cabeza de halcón. Es un dios solar, probablemente uno de los más populares del Antiguo Egipto.
    Imhetep. Hijo de Ptah y Nut. Se le atribuyen poderes exorcistas y curativos. Se representa como un joven sentado, llevando un casco muy ajustado y un papiro en sus rodillas.
    Isis. Hija de Seb y Nut, esposa y hermana de Osiris. Se la representa como una mujer, que lleva en la cabeza tocados muy diversos, como el trono, los cuernos con el disco solar, o la doble corona. Es madre de Horus.
    Khensu. Tercer dios de la triada de Tebas, hijo de Amón y Mut. Dios lunar. Exorcista de espíritus. Se representa sentado, con vendajes ajustados, y los emblemas de la vida, la estabilidad y el dominio.
    Kheper. no de los dioses principales. Simboliza la resurrección. Se le representa de pie, con un escarabajo sobre la cabeza.
    Khnum. Se representaba fabricando a la humanidad con arcilla en una rueda de alfarero. Su nombre significa "el moldeador" Lleva cabeza de cordero y a veces, en conjunción con AMon.
    Maat. Una de las diosas más importantes. Es la verdad y la justicia. Es la señora del cielo, gobernadora de la tierra y presidenta del mundo inferior. Su emblema es la pluma, y se la representa sentada, con la pluma de la verdad sobre la cabeza.
    Mentu. Dios egipcio de la guerra, solar. Se representa con cabeza de halcón, llevando el disco solar y dos plumas sobre su cabeza.
    Meskhent. Diosa del nacimiento. Puede verse presidiendo nacimientos, o en la escena del peso del alma en el Juicio de Osiris.Lleva sobre la cabeza un tallo dividido por la punta, y cada parte curvada a un lado.
    Mut. Segunda diosa de la tríada tebana, esposa de Amon-Ra. Su nombre significa "la madre".Aparece sentada, con un buitre sovre la cabeza, y la doble corona de Egipto. A veces se la representa con cabeza de leona.
    Nefer Tum. Tercer dios de la tríada de Menfis. Es el dios de la naturaleza, representa al calor del sol naciente. Aparece como un hombre con un loto que surge de su cabeza.
    Neit. Formaba una tríada junto a Osiris y Horus. Se representa como una mujer llevando la corona del Bajo Egipto, con una lanzadera de telar y dos flechas cruzadas. Se dice que es la madre de los dioses, particularmente de Ra.
    Osiris. El más alto de todos los poderes. Civilizó a la humanidad, les enseñó agricultura, leyes, y religión. Hijo de Seb y Nut, hermano y esposo de Isis, y padre de Horus.Es el señor del inframundo y juez de los muertos.
    Ra. El creador de los dioses, los hombres y el mundo. Su símbolo es el sol, emblema de la vida, la luz y la fertilidad. Se representa con cabeza de halcón, coronado con el disco solar y el uraeus.
    Renenet. Diosa de la buena fortuna, diosa de las cosechas. Se representa con el uraeus como cabeza y un tocado de dos plumas y otras insignias divinas.
    Renpit. Diosa que representa la personificación del año. Se representa con forma humana, con una rama de palma dobre la cabeza. A menudo, con una hoja larga en la mano.
    Safekh. Diosa del aprendizaje, más exactamente de la escritura. Su símbolo es la hoja de palma circundada por los cuernos invertidos. Lleva una rama de palma con muescas y una paleta.
    Satsi. Una de las diosas de la tríada elefantina. Esposa de Khnum. Se la representa con el tocado del buitre, y la corona del Alto Egipto, con cuernos de vaca.
    Seb. La tierra personificada como dios. Esposo de Nut, y padre de Osiris, Set, Isis y Nephthis. Su símbolo es el ganso, que en su representación va sobre su cabeza.
    Selk. Protectora de los vasos canopes. Se representa como un escorpión con cabeza humana. Era hija de Ra y simbolizaba el calor ardiente del sol.
    Shai. Dios del destino. Decretaba qué ocurriría a los hombres. Forma parte de la escena del peso de las almas en el juicio de Osiris.
    Shu. Hijo de Ra y Hathor. Dios de la naturaleza, personificación de la atmósfera que divide el cielo de la tierra. Se representa como un hombre, que lleva una pluma encima de la cabeza.
    Ta-urt. Diosa representada por un hipopótamo más frecuentemente. Era la esposa de Set, y algunos suponen que en Tebas dio a luz a Osiris.
    Tefnut. Hermana gemela de Shu, hija de Ta y Hathor. Diosa de la naturaleza que representa el rocío. Se representa con cabeza de león, y el disco y el ureaus encima.
    Thot. Uno de los dioses principales de Egipto. Es un dios lunar, representado con cabeza de ibis y la Luna creciente y el disco en la cabeza. Figura en la escena del juicio de Osiris, registrando en su paleta el peso del corazón del fallecido. Fue el inventor de las ciencias exactas, las cartas y las bellas artes.
    Tum. También llamado Atum. Se considera que representa un aspecto de Ra, el sol nocturno. Recibe el nombre de creador de los hombres, hacedor de hombres, y el que se creó a sí mismo. Se le representa como un hombre llevando la doble corona de Egipto.

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