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Glucosa

LA GLUCOSA
Importancia de la glucosa, los cereales integrales en grano y el Factor Estabilizador de Insulina (FEI)



La glucosa es el hidrato de carbono más elemental y esencial para la vida. Representa ni más ni menos que la energía del sol y sólo por su intermedio, la misma puede llegar a cada una de nuestras células.
Es el producto de la fotosíntesis que hacen los vegetales de hoja verde gracias a su clorofila. Fotosíntesis significa justamente producción o síntesis de glucosa a partir de dióxido de carbono (o anhídrido carbónico) y agua unidos gracias a la luz del sol. La glucosa se transforma luego en almidón en cereales y hortalizas, o en fructosa en las frutas y la miel.
Tanto el almidón como la fructosa se reconvierten en glucosa en nuestro intestino y así se absorben a la sangre (glucemia). La glucosa llegada a las células es degradada (glucólisis) con ayuda del oxígeno (ésta es la principal función del oxígeno: combustionar la glucosa) y como producto de este proceso se reconvierte en agua (que eliminamos o reutilizamos) y anhídrido carbónico (que exhalamos por nuestros pulmones).
Queda así liberada en nuestras células la energía proveniente del sol, para que podamos realizar todas las funciones que se requieran. Pensar, estudiar, recordar, hablar, caminar, correr, trabajar, respirar, tener relaciones sexuales y hasta descansar bien, implican una necesidad de energía, proveniente de la glucosa. Cuando falta glucosa, hasta las esenciales proteínas se malgastan para convertirse en ellas, para evitar daños irreversibles. En otras palabras, estar en hipoglucemia es como tener el sol apagado y estabilizar la glucemia, como encender el sol interior.

El consumo de azúcar común (sacarosa) o integral en exceso y de todo lo que la contenga (golosinas, postres, bebidas gaseosas, etc.), de harinas blancas (pan, pastas, galletitas, facturas), de frutas o miel en exceso, de edulcorantes artificiales y todo lo que tenga sabor muy dulce, así como de alcohol o el error de pasar muchas horas sin comer, ocasionan directa o indirectamente caídas del azúcar sanguíneo (hipoglucemias). Esto provoca un estado de alarma en el organismo (sobre todo en el cerebro) ya que por falta de combustible muchas funciones no se podrían cumplir y comenzarían a morir neuronas, de la misma forma como si nos faltara oxígeno. Muchas personas sienten mareos (como si les bajara la presión arterial) e incluso desvanecimientos. éstos y otros síntomas mejoran comiendo dulces o harinas, lo cual genera adicciones hacia éstas u otras sustancias que se desean compulsivamente.
También por ese estado de alarma (ocasionado por aumento de adrenalina, corticoides y otras hormonas que elevan la glucemia para evitar un desmayo) las personas están estresadas, ansiosas, angustiadas, agresivas o bien depresivas o con insomnio, sin darse cuenta del porqué. Cuando hay otras causas que expliquen esto (factores económicos, familiares, laborales u otras situaciones conflictivas) se atribuyen los motivos sólo a esto, desconociendo que el 70% de la población (como fue demostrado científicamente) padece reiteradas hipoglucemias en el día y la noche, pudiendo en este porcentaje de personas diagnosticarse el SEDA o Síndrome de Estrés, Depresión y Adicciones, ocasionado por estas hipoglucemias.
La confirmación diagnóstica puede hacerse en laboratorio, con curvas de tolerancia oral a la glucosa extendidas a cinco horas o contestando un test elaborado en base a los 120 posibles síntomas padecidos, verificados en 5500 personas a las que se les confirmó hipoglucemias en laboratorio.
Si una persona tiene o tuvo en los últimos meses más de 15 de los 120 ítems positivos, no caben dudas: tiene SEDA o quizás su páncreas ya llegó a un agotamiento en su secreción de insulina y pasó a tener diabetes, lo cual implica lo opuesto a la hipoglucemia, o sea exceso de azúcar en la sangre.
Lo más importante es que el SEDA se puede revertir y en muy pocos meses. Miles de personas fueron tratadas con éxito. Lo fundamental del tratamiento, además de eliminar gradualmente lo que provoca todo esto, es comer algo con cereales integrales en grano cada dos o tres horas al principio y al menos cuatro veces por día cuando se baja a menos de cinco síntomas. Tomar glucosa (diez gramos en o vaso de agua) cada dos horas al principio y sólo cuando aparezcan síntomas del SEDA, como deseos de dulces o harinas, luego de unos meses, al llegar a tener pocos síntomas, implica haber roto el círculo vicioso y recuperar por ejemplo la capacidad de empalagarse.
También es aconsejable reponer durante estos primeros meses, sobre todo, el Factor Estabilizador de Insulina (FEI), conjunto de vitaminas, aminoácidos y oligoelementos específicos, entre los que se destaca el cromo, ya que los dulces y harinas refinadas lo malgastan o roban y si bien lo aportan los cereales integrales, en mínima cantidad, conviene complementar este aporte en forma medicamentosa para reponer reservas del mismo y luego no volver a despilfarrarlas.
A los diabéticos cuando tienen hipoglucemias también les conviene manejarse con glucosa en vez de azúcar, sólo para salir de las mismas y comer algo con cereales integrales en grano tres o cuatro veces por día, pero en ellos, en un porcentaje menor que en quienes no hayan caído en diabetes (sólo 30 o 40% del volumen total diario de alimentos), siendo también muy útil el aporte del FEI por varios meses.
La gran ventaja de la glucosa comparada con otros hidratos de carbono simples es su bajo poder endulzante; por esto es importante que sea de buena calidad y no esté adulterada por ejemplo con azúcar impalpable (que no se la perciba muy dulce). Cuanto mayor poder edulcorante, mayor estímulo para la secreción de insulina, mayor robo del FEI y mayor hipoglucemia por efecto rebote. Por esto los edulcorantes artificiales son tan perjudiciales incluso en los diabéticos, ya que malgastan la poca reserva de insulina de su páncreas.
La glucosa se complementa perfectamente con los cereales integrales preferentemente en grano (arroz integral, avena, cebada, centeno, trigo, trigo burgol, trigo sarraceno, mijo, maíz, etc.). Su rápida absorción, en dosis apropiada (una cucharada sopera con copete: 10 o 12 gramos; excesiva dosis tendría el efecto opuesto) permite cortar en cinco o a lo sumo diez minutos el deseo de dulces, harinas, chocolate, café, mate, té común, alcohol, cigarrillo, drogas, etc., incrementado por la adrenalina, dopamina y otras hormonas que suben drásticamente cuando hay hipoglucemia. También en minutos desaparecen los mareos, náuseas o tendencia al desmayo, así como los antojos típicos de embarazadas.
En estado de gravidez, así como en días previos a la menstruación se verifican más hipoglucemias. Las crisis de asma bronquial, el dolor precordial y las amenazas de aborto pueden mejorar en minutos cuando los mismos están desencadenados por hipoglucemia.
Los problemas de conducta, de rendimiento escolar y las enuresis de los niños mejoran mucho estabilizando la glucemia (además del tratamiento psicoterapéutico correspondiente).
La glucosa corta en minutos los síntomas y los cereales integrales (hidratos de carbono de absorción lenta) en cantidades de al menos dos o tres cucharadas soperas, evitan que en las próximas dos horas la glucemia vuelva a caer, cosa que sucedería si sólo nos manejáramos con glucosa. Si a la inversa sólo nos manejáramos con cereales y sin glucosa, no conseguiríamos cortar en minutos los síntomas o deseos adictivos, por lo cual, además del cereal, la persona no podría dejar de comer dulces o harinas o tomar café, mate o alcohol o encender un cigarrillo.
La glucosa, como todo hidrato de carbono refinado, consume Factor Estabilizador de Insulina sin reponerlo, por lo que si su uso se prolonga por varios meses, sería importante reponer los dos componentes del mismo (gotas y cápsulas) además de consumir cereales integrales en grano.
Gracias a la glucosa se corta si reprimirse el deseo de dulces, harinas y alcohol, que junto con los lácteos resultan ser los más importantes causantes de diabetes. Por lo tanto, no debe tenerse temor de generarse una diabetes al consumir glucosa en las dosis indicadas, ni tampoco de engordar, sino todo lo contrario. La glucosa, a diferencia de otros dulces y harinas refinadas, no genera adicción y se puede dejar en pocos meses, cuando gracias a ella, como parte de un tratamiento más completo u holístico, se hayan superado totalmente las adicciones que la persona eventualmente tuviera.
La glucosa sólo puede ser reemplazada por el caldo de verduras dulces para hipoglucemia, el cual es poco práctico. Los cereales integrales en grano, en cambio, no se reemplazan con nada. Lo ideal es hacer una dieta serotoninérgica, que además de estabilizar la glucemia, baje la adrenalina y suba la serotonina y la melatonina a valores normales. Esto es crucial para el tratamiento de adicciones, obesidad, depresión, estrés, insomnio, bulimia y anorexia nerviosa, hipotiroidismo, diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y asma bronquial entre otros trastornos.
Se sugiere a la persona que desee iniciar el tratamiento del mismo que consulte a su médico para que éste acompañe y controle el proceso de reversión de este círculo vicioso, ya que en las dos o tres primeras semanas suelen verse agravaciones por el típico Síndrome de Abstinencia (a dulces, café, mate, chocolate, alcohol, cigarrillo, drogas, etc.), más aún cuando se comete el error de cortar bruscamente los mismos y no en dos a cuatro semanas como sería lo ideal.
Además, como conviene eliminar carnes y lácteos para tener mucho mejores resultados y prevenir otras enfermedades, para que le enseñe cómo reemplazar los mismos, asegurando que la dieta sea completa, variada, disfrutable y personalizada. También se sugiere controlar mensualmente el puntaje de cada uno de los síntomas que persistan.







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