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DECIDÁMONOS A CAMBIAR



Lo que sigue es una breve introducción del libro que una ex paciente mía está escribiendo. Un libro en el que relata su experiencia amorosa y el tratamiento que realizó conmigo. Me ha dado autorización para reproducirla:

"No fui feliz con mi pareja. A sólo seis meses de vivir juntos comencé a sospechar que lo nuestro no tendría destino. Sin embargo insistí. Me pareció, cuando nos conocimos, que ese hombre sería el amor de mi vida. La pasión nos quemaba, nuestros corazones ardían, nos buscábamos permanentemente las bocas, el sexo. ¡Y yo lo encontraba bello, tan apuesto, tan seguro de sí! Sin embargo hubo cosas en él que comenzaron a chocarme: su afán por estar con sus amigos, su manera de dilapidar lo poco que ganaba, su desorden y desaseo. Un día le dije: disculpame, pero hay cosas que no me gustan de vos; tenés que cambiar, así no te quiero. Soy como soy, me contestó, y vos también tenés muchas cosas que no me gustan. Cambiá vos, primero, si querés seguir conmigo".
"No nos animamos a romper. ¡Cinco años vivimos juntos en medio de discusiones cada vez más violentas, incompatibilidades, recelos! Tiene que cambiar. ¡Tengo que hacerlo cambiar!, me repetía a mí misma. Hasta que en un momento de mi tratamiento se hizo la luz. Dejé de exigirle a él lo que debía exigirme a mí; ¡quien debía cambiar era yo!, al margen de lo que él quisiera seguir haciendo con su vida. ¿Estaba satisfecha con mi vida? ¡No!... Comencé a pensar en mi futuro, en mi carácter, mis deseos, mis ambiciones. No fue de un día para el otro. Pero cambié. Cambié yo. Y cuando cambié, pude dejarlo y terminar con esa relación tan nefasta".

Retengamos la última y tan importante frase de esta confesión; reflexiona sobre ella, seas mujer u hombre, pues para el caso es lo mismo.
Muchas personas gastan sus energías en un esfuerzo inútil por hacer cambiar al otro, cuando -para poder ser felices- el primer paso que deben dar es el de cambiar ellas mismas. Si lo logran, lo demás vendrá en consecuencia. Ese esfuerzo desgastante que ponemos para manipular al otro dirijámoslo hacia nosotros. Por supuesto que nos exigirá mucha energía, pero en este caso el esfuerzo no será desgastante sino revitalizador.
Sufres, pero ¿cuál es tu actitud? ¿Hacerte cargo de tus fallas, carencias y necesidades insatisfechas, o tratar de cambiar al otro? ¿Y si el otro cambiara, acabarían por eso, y como por arte de magia, tus propios conflictos? Las parejas que ponen en el otro la responsabilidad de lo que les sucede, terminan siempre mal. Lo hacen por debilidad, por temor a asumirse, por dejar que los demás decidan por ellas, por la fantasía de que el otro pueda hacerlas cambiar sin ningún esfuerzo o dolor.

¿Es la tuya una vida satisfactoria?
Percibís que estás muy lejos de alcanzar una vida satisfactoria, más plena. ¿Estás decidida a cambiar? Obsérvate atentamente: se vive en plenitud cuando tenemos objetivos positivos y la firmeza de concretarlos. Cada uno de nosotros es único en el mundo, y cuanta más certeza tengamos de cómo somos y qué deseamos, el reconocimiento de esa individualidad hará que nos sintamos aptos para encarar cualquier proyecto de vida. ¿Confiás en tus valores? ¿O necesitás que te guíen, que te sostengan, que te ordenen? Al realizarte en el mundo con hechos y planes que te satisfagan, harás que la tuya no sea una existencia vacía. No habrá huecos que buscarás llenar con la presencia del otro. Al contrario; cuando te enamores tu elección recaerá naturalmente en alguien como vos, alguien bien estructurado, que no te buscará porque le urge salir de su vacío existencial sino porque quiere compartir y crecer. Alguien a quien no necesitarás pedir que cambie y que a su vez no exigirá que cambies vos.
Admitamos sin embargo que podrías equivocarte (todos nos equivocamos) y enamorarte por error. En ese caso, por vivir vos una vida de realizaciones, y no por necesitar un bastón donde apoyarte, no tardarás demasiado en advertirlo y en abandonar enseguida esa relación.

Guía para una vida plena y un amor más completo
Reflexionemos sobre nuestra situación y encaremos esas preguntas que a veces nos resultan difíciles de enfrentar. Preguntas y reflexiones como las que siguen, por ejemplo:

    El esfuerzo, ya lo dijimos, debe centrarse en uno mismo. Es menester sincerarse y, con respecto al amor, reconocer si no estamos manteniendo una mala relación de pareja. Hemos hablado en otra oportunidad del amor adictivo, ese supuesto amor en el que las parejas quedan adheridas sin poder romper pese al daño que se hacen; una verdadera adicción. Si ese fuera tu caso, ¿por qué no la abandonas? ¿Será por miedo a la soledad? ¿Por creer que nadie te va a querer? Si la mala relación se mantiene y no le ponés fin, será necesario recurrir a un especialista, pues es posible que sin la ayuda de un profesional especializado no consigas avanzar.
    Pregúntate: ¿Dónde coloco mis energías? ¿En tratar de cambiar a mi pareja o en realizarme yo como ser humano? ¿Creo que si el otro cambia yo también cambiaré y solucionaré todos mis problemas?
    ¿Llevo una vida plena y satisfactoria, estoy conforme con lo que hago, me siento feliz como soy? ¿Tengo planes que me ayudarían a mejorar y voluntad para concretarlos?
    ¿Creo que lo mío no tiene remedio y que nadie me podría ayudar?
    ¿Cuánto afecta mi vida esa mala relación de pareja que no me animo a romper? ¿Siento que sería más feliz si lo hiciera? ¿Por qué?
    ¿Qué cosas concretas debería realizar para mejorar mi situación?
    ¿Si tuviera una vida grata y dichosa, elegiría mejor al enamorarme?
Has reflexionado; te has hecho esta serie de preguntas y has tratado de responderlas. Ahora podrás decir con más certeza si llevás una vida plena o una vida de insatisfacciones, si sos capaz o no de lograr un amor bueno y recíproco. Sólo vos conocés las respuestas; la conclusión y el esfuerzo por mejorar si lo necesitás, quedan en tus manos.



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