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COMPLEJOS



Sepa que los complejos disminuyen la autoestima, porque no solamente nos quitan seguridad, sino que, además, nos dañan quitándonos personalidad. Es necesario enfrentar los complejos para poder vencerlos y no permitir que ellos nos venzan a nosotros. Una vez que los hayamos identificado, entraremos a combatirlos, poniendo nuestro mayor empeño. Así lograremos "amigarnos" con zonas negativas que nos molestan. Lo peor que nos puede suceder es hacer un complejo de un defecto: tobillos gruesos, piernas gorditas, la "destructiva celulitis", ser bajo u obeso, calvo, o poseer orejas grandes, son detalles de los cuales nosotros, "los humanos", hacemos grandes problemas.
Pero todo es según el color del cristal con que se mira. Muchas veces, en la comparación con otras personas, nos sentimos morir, aunque estemos seguros de nosotros mismos.
La reacción displacentera se produce en milésimas de segundo y nos abandonaremos a una abrupta caída de autoestima personal. Pero, observe qué contradicción, a esos mismos complejos o defectos que consideramos insoportables para nosotros, los miramos en la mayoría de los casos con solidaridad en otra persona.

Los defectos que nos angustian
Son aquellos que nos mortifican profundamente y nos quitan seguridad. Nos empequeñecemos porque perdemos fortaleza y decisión. Nos hacen sentir malogrados y, a veces, como "ellos" pueden con nosotros, perdemos más que una partida.
Observe una misma situación en dos personas. ¿Por qué yo me veo vieja y arrugada, mientras María, que lo es más, no usa cremas ni le da importancia al peso de los años y, aunque aparente cinco año más de los que tiene en realidad, se la ve feliz y emprendedora?
Hay una constante: el denominador común de los complejos es la desvalorización. Y en este sentimiento volcamos todo el ideal que fabricamos sobre cómo quisiéramos ser, y perdemos en la compración de cómo somos en realidad.
Un problema físico nos produce tal disminución de la autoestima que se aloja en nosotros bajo la forma de un complejo psíquico; eso hace que cada vez nos alejemos más del ideal soñado. Es sabido que no hay mejor defensa que un buen ataque. Llévelo al área que estamos viendo: verá que hay oportunidades que, por luchar excesivamente contra ese sentimiento de inferirodad, terminamos generando una actitud defensiva, que lo trasmuta en otro sentimiento de superioridad. Es como simular un estado para disimular otro. Podríamos interpretarlo como una actitud o serie de actitudes que adoptamos para tapar otras que nos causan dolor, para hacernos sentir distintos. Pero luego ese disfraz de superioridad se convierte en una "falsa autoestima". Las formas de presentarse esta estrategia errónea son muchas. Elegiremos algunas: exceso de autoridad, insolencia, falta de respeto hacia los demás, tiranía, etc. Esto provoca una mala relación con el medio que nos rodea y una pésima integración. Es decir, la no adaptación.

Sabemos que existen dos tipos de sentimientos de inferioridad: los innatos y los adquiridos. Con los innatos nacemos, y con el tiempo formamos nuestra personalidad y pasan a formar parte de nuestra potencia aprender a vivir. Luego, al crecer, aparecen una serie de complejos creados, alimentados por un sentimiento de inferioridad adquirido. Son los que fomentamos los humanos en función de pautas sociales y culturales. Es decir, el sentimiento de inferioridad innato cumple una función positiva; el sentimiento de inferioridad adquirido es negativo. Esto ocurre, por lo general, porque vivimos muy pendientes del mundo que nos rodea, del mundo externo, del qué dirán, dándoles más importancia de la que, quizá, tienen en realidad. Cuando sufrimos por un complejo, una parte de nuestro ser se siente atacada. Debe recordarse que los sentimientos de inferioridad que nos hacen tanto mal crecen con el miedo, se nutren de él, de la incertidumbre y de la insatisfacción. En síntesis, de la falta de confianza, de amor y de respeto por uno mismo. Está en los mandamientos de la Ley de Dios: "Ama a tu prójimo como a tí mismo". Es decir, que el amor y el respeto por uno mismo es la condición previa a cualquier otro vínculo saludable.

Esta gran sociedad de consumo que nos rodea y en la que estamos sumergidos nos da modelos con los que no nos sentimos acordes, quizás porque nos hace sentir faltos de belleza, de la belleza que ella impone. Deberíamos asumir que hay lugares donde los cirujamos plásticos no llegan porque no nos hace falta. Eso es nuestro interior. Cuide su ángel interno, sea cada día mejor persona. La belleza del alma es la belleza del talento. Ahí usted no temerá a la competencia. Hombres y mujeres somos seres íntegros, estamos compuestos de cuerpo y alma. El cuerpo puede sentirse empequeñecido por los modelos impuestos desde afuera, pero si lo más íntimo de su ser está desarrollado plenamente, o va camino de serlo, usted tiene muchas posibilidades de ser feliz. Su escala de valores debe nacer del interior hacia el exterior. Así, usted no deseará una realidad utópica, que no simpre podrá alcanzar. Su autoestima no debe pasar por modelos impuestos desde afuera.
Con voluntad, firmeza, decisión y ejecución, podemos cambiar lo cambiable y aceptar lo no cambiable, y permitirnos ser felices. Recuerde que la Grafoterapia (cambiar signos enfermos de la letra por signos sanos) puede ayudarla a resolver o aceptar lo que a ud. se la hace complejo y llegar a ayudarla en algo que considero son los más difíciles: los conflictos del alma.



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