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autoestima

LA EDAD NO TIENE NADA QUE VER



La cuestión que plantea el título de este artículo parecería ser ociosa. Sin embargo expresa un conflicto muy común entre las personas de edad, y que en muchos casos se convierte en una situación penosísima difícil de resolver. Uno podría asegurar que la autoestima no depende de que se tengan setenta, cincuenta o cuarenta años; pero no siempre es así.
Hay gente que a los cuarenta años se siente vieja. Y aún antes. Por el contrario, vemos a octogenarios felices y en plena actividad. Muchas obras famosas, de la literatura por ejemplo, o de la filosofía, fueron escritas por ancianos. Aunque no es necesario ser un talento de las letras o de las ideas para conservar la autoestima y los deseos de vivir.
El problema que aqueja a muchas personas que tienen cierta edad es que sienten como que ya no pueden esperar más nada de la vida. Cumplen los cuarenta como si fueran un castigo; llegan a los cincuenta y lloran. Sucede que se han quedado fijadas en el pasado y no logran desprenderse de él como para reconocer que han entrado en otra etapa, con limitaciones pero también con nuevas y gratificantes posibilidades. Mi cutis no es el mismo de mis quince años, ni tampoco mi vigor y mi agilidad. ¿Cómo me ven las chicas y los chicos de veinte? ¿Soy capaz de seducir o enamorar a alguien?
En la medida en que nos sintamos frustrados e insatisfechos con lo realizado hasta el momento, mayor será nuestro desconsuelo en cada cumpleaños. Pensaremos que lo que no pudimos lograr de más jóvenes, ahora, con los años, ya no lo alcanzaremos más. Eso que se denomina "expectativas de vida" implica planes para el futuro y fe en concretarlos, una actitud de realización personal, cuya contrapartida es la inmovilidad y la falta de confianza en uno mismo.
Reconozcamos que hay factores externos que influyen sobre nuestro ánimo. Uno de ellos es el bombardeo incesante de la publicidad para obligarnos a permanecer eternamente jóvenes, hermosos y seductores; igual que los paradigmas que la televisión trata de imponernos: divas que parecen no envejecer jamás, galanes que aparentan tener la misma edad de mis hijos; astros y estrellas que a pesar de los años "rompen" corazones todos los días. ¿Qué nos queda, simples mortales comunes y corrientes si nos comparamos con ellos o -esto es más grave aún- si intentamos imitarlos?
Hay otra causa de innegable y nefasta presencia: la exclusión que en lo social se hace a partir de los cuarenta años, principalmente en el plano laboral.
Sin embargo las principales causas que originan nuestra depresión y caída de la autoestima al llegar a determinada edad, debemos buscarlas en nosotros mismos, en nuestro propio interior.
Reconozcamos que con los años llegan también nuevas oportunidades de las que podemos disfrutar; los hijos crecen, se independizan, viven su vida, se casan; ocasión para que nos ocupemos más de nosotros mismos. ¿No sería ése el momento de iniciar aquellas actividades con las que siempre soñamos y nunca concretamos por falta de tiempo y exceso de obligaciones? ¿O es preferible sentarnos a llorar porque ya no tenemos veinte años?

Sustitutos que intentan recuperar la autoestima
Mujeres que van de cirugía en cirugía, padres que sueñan con emular a sus hijos, enamoramientos fulminantes, necesidad de mantenernos siempre ocupados para llenar el tiempo y no pensar...
Regresar al pasado, detener el tiempo, intentar recuperar lo que ya no es, son fantasías que producimos -conciente o inconcientemente- para salir del duelo que la paulatina pero inevitable pérdida de la juventud acarrea. ¿Cómo se expresan esas fantasías?
El sentirse viejos cuando en realidad no lo somos (nadie puede decir con objetividad que a los cuarenta o cincuenta años ya estamos viejos) nos induce a las actuaciones compulsivas. Por ejemplo, apasionarse de alguien veinte o treinta años menor. Les sucede incluso a hombres y mujeres que han llevado una vida relativamente ordenada, que han sostenido su hogar y cuidado el amor de su pareja, que han velado por la estabilidad emocional de sus hijos. De pronto conocen a una persona que está en la primavera de la vida y se enamoran perdidamente de ella. Se sienten rejuvenecidos, potentes, vitales, como si esa lozanía y juventud ajenas se traspasaran a ellos. Basta prestarles atención para que terminen por confesar cómo se sienten, lo culpabilizados que están y cómo sufren por el temor de destruir todo lo que más quieren en realidad: su matrimonio, su hogar, sus hijos.
Hicimos referencia a las cirugías, una manera ilusoria de recuperar años pero que, al permitir que nos veamos más jóvenes, quizás nos haga sentir mejor. Reiteramos este concepto con el que insistimos a menudo: lo exterior no modifica ni corrige nuestro mundo interno; no es suficiente conque la máscara sonría. Por otra parte, cada cambio de imagen logrado por la cirugía produce un cierto shock y exige un reacomodamiento emocional que, de no lograrlo, termina en depresión y melancolía. No siempre se alerta suficientemente al respecto.
El paso de los años intensifica nuestros conflictos irresueltos. Pero son esos conflictos los que hay que tratar de resolver, no los años que se nos sumen.
De todas maneras hay que tener en cuenta lo siguiente: la autoestima no se deteriora el día mismo en que entramos en una nueva década, como si surgiera de golpe y de la noche a la mañana. Se trata más bien de un estado de ánimo que ya venimos arrastrando desde hace tiempo y no depende del cumpleaños. A lo sumo, éste podría actuar como detonante, pero no como causa.

Conócete a ti mismo
Acabas de cumplir los cuarenta, cincuenta tal vez, o más. ¿Cómo te sientes? Admitamos una cierta nostalgia; somos humanos. ¿Pero cómo se encuentra tu autoestima? En el balance que posiblemente estés haciendo, los fracasos se suman a los fracasos, las frustraciones a las frustraciones. Te sientes sin fuerzas y te repites: "ya es tarde para todo".
Deliberadamente hemos exagerado el cuadro. Hay matices, y van desde una pasajera melancolía a depresiones que llevan a situaciones límites. Un pasado donde los logros son más, permiten imaginar y proyectar optimismo. En ese caso te sentirás feliz y querrás compartir la celebración de un nuevo cumpleaños, transmitiendo a los demás esa felicidad.
Si ello no te ocurre, permítenos decirte esto: no culpes a la edad, pues hay algo en vos que está sin resolver, algo más sencillo de lo que piensas, quizás, pero que al solucionarlo te afirmará como persona. Puede ser, simplemente, que no te animes a enfrentarlo, o que no atines a encontrar cómo hacerlo. Cuando te decidas y al alcanzar tu meta te realices, advertirás que los años no tienen nada que ver.



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