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PÁNICO:
una manera especial de sentir



Todo lo que nos vincula y nos unifica es un universo de energías organizadas por "patrones" es decir matrices energéticas responsables de la totalidad de lo que se manifiesta como hechos y acontecimientos. Así que sentir pánico es para un ser humano, en términos energéticos sentir algo penoso y doloroso que lo atraviesa súbitamente, sin motivo y de manera inexplicable.

El hecho en si es inexplicable pero la trama que lo origina se encuentra en la misma persona que sufre pánico como una manera especial de sentir, porque es prácticamente imposible dejar de sentir y este ha sido el camino equivocado que, sin saberlo ni sospecharlo siquiera, comete la persona que entra en pánico.
Es absolutamente imposible que la conciencia pueda reconocer todas las cualidades energéticas que le llegan en cada instante. Suelo aconsejarles a mis pacientes que lo primero que tiene que hacer cuando se sientan enojados u ofendidos es sin dudarlo sentir enojo y rabia. La vida se encargará de ofrecer una serie de experiencias que estarán sujetas a ciertas "leyes" ineludibles y esto es darse por enterado, acusar recibo de lo que está ocurriendo en nuestro interior, mental, emocional y corporalmente.

Cuando la conciencia rechaza ciertos contenidos está efectuando doble gasto energético ya que por un lado reprime aquello que debería expresarse y por otro lado dilapida mucha más energía en mantener este sistema energético bloqueado para que no exista comunicación; así que dentro del sistema se producen actividades compensatorias y hay prohibiciones para unos contenidos e hipertrofia de otros.

Las personas que sufren ataques de pánico como lo describí anteriormente son víctimas de un estallido debido a todos los hasta ahora logrados intentos de mantener "a raya" pensamientos indeseables. Claro que todos nuestros sentires siempre van acompañados de una respuesta somática así que cuando fueron refrenados sentimientos de rabia e impotencia se ignoraron las palpitaciones, el miedo a perder el control y a volverse loco, no se tomó en cuenta la transpiración, fueron negados los síntomas de opresión en el pecho y vaya a saber cómo se contuvieron de no expresar el más mínimo gesto que pusiese en peligro el supuesto equilibrio del sistema.
Como esto no ocurrió una sola vez sino que se vino repitiendo durante mucho tiempo los síntomas acallados quedaron listos para explosionar como una bomba.

Ya sabemos lo que sigue a un ataque de pánico: con suerte la persona lo vive como un accidente que no se repetirá o en el peor de los casos reorganiza su vida y la de sus familiares para evitar otro ataque tomando casi de por vida el clonazepan o el alprazolam recetado por los médicos. En realidad los médicos nos vemos obligados a recetar los famosos comprimidos muchas veces asociados con antidepresivos ya que el sistema mental ha sido tan herméticamente sellado que muy probablemente los pacientes nunca lleguen a enterarse del lado oscuro de sus vidas. Este es por el momento el cuestionado destino de los ataques de pánico y como los pacientes exigen más y más acallar los síntomas se produce un círculo vicioso inevitable.


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