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SEXUALIDAD SAGRADA



La moral victoriana comenzó a disolverse hace ya más de setenta años, al principio paulatinamente, la época del charleston fue un destape. Occidente guiado por el consumo, el avance tecnológico, la divulgación científica y los fast food, comenzó a desmerecer todo lo aprendido, todo lo trasmitido por las costumbres de los padres y abuelos. Los misterios entonces pasaron a ser devorados por la ciencia o, en otros casos, a pensarse como ideas falsas producto de la ignorancia pasada.

En la misma canasta se guardó a la sexualidad recatada, y el mal llamado "Amor Libre" pasó a convertirse en otro bien de consumo. Incorrectas interpretaciones del profundo análisis de Sigmund Freud, fueron divulgadas y, así, se convirtió en moneda corriente que había que tener relaciones sexuales a toda hora y a toda costa, parecía una panacea que resolvería todas las angustias y las neurosis.
Era necesario soltar inhibiciones y represiones, en pos de una expresión espontánea del ser humano, con la consiguiente expansión de la creatividad. Pero el consumo ha desviado, junto con los consumidores, el sentido, convirtiendo en una máscara lo que hubiera sido esencial.

Existe hoy en día una identificación con la búsqueda de placer y satisfacción, al mismo tiempo que se desmerece la soledad y los espacios en blanco. El tiempo debe ser utilizado en su totalidad. La satisfacción garantizada que ofrecen tantos avisos publicitarios nos alertan acerca de la "necesidad" actual en las personas.
Sin embargo, casi nadie está satisfecho y, menos aún, pleno.

La sexualidad ocupa gran parte del interés de la sociedad, cada vez hay mas libros de divulgación, científica y no tanto. Las revistas, programas televisivos y radiales siguen insistiendo con los puntos G, la mayor efectividad en la consecución del tan mentado placer, cómo lograr erecciones prolongadas y orgasmos múltiples.
La edad de iniciación sexual es cada vez menor, o sea, más precoz. A la vez que es tan importante, ha perdido por completo el valor y el sentido. No tiene trascendencia tener una relación con un otro, es parte de una salida, de un programa.
También existen parejas que se aman y, aún así, el deseo se va apagando con los años. Y consultan, otros se resignan, otros buscan alternativas externas a su relación.


¿Qué es lo que está pasando en Occidente?
Estamos en una etapa previa a una crisis, la caída de los principios que rigieron para los vínculos desde la década del '60. Ni siquiera la espiritualidad resurgente pudo dar una salida a este problema, ya que el movimiento New Age también fue devorado por el consumo y nos encontramos con su propio shopping. Entonces inundan las librerías y resto de medios, con información acerca del Tantra, como una nueva panacea. Sin duda nos vamos acercando a algo, pero no se está teniendo en cuenta que existen profundos nudos a desatar, que hay una humanidad confundida en el propósito de su existencia, así como en aquél que da lugar a una relación de pareja.
La mayoría de las personas se vincula con un otro, para que le dé satisfacción, para que lo llene o complete su mitad errante. El vacío existencial del que tantos filósofos han dado cuenta, "debe ser llenado". La experiencia demuestra más tarde o más temprano que este camino, así recorrido, no alcanza el resultado deseado, anhelado incluso como "una garantía de".

Uno de los problemas, es, justamente, la búsqueda de garantías, veamos que incluso se las extiende cuando se realiza una compra. Esta búsqueda, así, sugiere mas bien un intento de anulación del vacío, la incertidumbre, el misterio, o sea, la aventura de estar vivos.
Y, ¿qué nos invita a vivir la sexualidad sino es, en principio, la VIDA? Justamente la Vida proviene de un encuentro sexual. Bert Hellinger dice incluso que es más importante que el Amor, ya que genera consecuencias, otra vida, que un amor no consumado no tiene.
Toda la divulgación científica de estos tiempos intenta arrasar con los misterios, y el sexo es misterioso aún. No alcanza toda la bibliografía existente para revelar a quien no lo vive, el secreto entrañable que encierra.
El sexo, en su verdadero sentido, es sagrado. Así como lo es la verdadera unión de un hombre y una mujer. No hay lugar en el mundo en el que no se la ritualice. Los casamientos se acompañan con una ceremonia en cada rincón del planeta, reconociendo un lugar a un algo más que interviene en el encuentro, y a la suma importancia que reviste a ese acto. La unión, el encuentro entre macho y hembra genera energía. No hay creación en el Universo, que no sea llevada a cabo sin esta generación. La electricidad, que es el máximo exponente con el que contamos para evidenciarlo, nos lo demuestra a diario. No habría energía, no habría LUZ si no hubiera esa ligazón.
También el sistema nervioso es eléctrico. La vibración que sentimos en nuestro cuerpo, también es electricidad. Estamos entonces aludiendo a una fuente infinita de vibración. Esa vibración es el Amor.

Seguramente el sentido de un encuentro sexual entre dos géneros, está ofreciendo, cada vez, la oportunidad de rozar la creación, al menos, de unirse a esa magnificencia que es el contexto mayor del cual todos formamos parte. Por eso, buscar una satisfacción, el placer, es sólo un sucedáneo que, lo único que va a provocar, es, a la larga, el efecto contrario.
En principio, el ir tras un efecto o un resultado, como, por ejemplo orgasmos, es absolutamente al revés del sentido que tiene el encontrarse con un otro, en el Amor. Convertirse en Amor. Ser. Si se ES, se Es Amor.

La sexualidad es sagrada, ambos participantes se consagran al Amor. Se dejan mover por el Movimiento. Aún si la relación no es estable, es un acto de consagración. Cuando esto no es así, se producen serias alteraciones de conducta, a la larga, adicciones a vínculos o al sexo, y ansiedades generalizadas, estrechez. Podríamos pensar que éste es el origen de la insatisfacción reinante en la mayoría de las personas. La falta de plenitud, proviene en principio, de no estar a pleno, presente, con los sentidos expandidos y el Sentido despierto, en el momento de mayor intimidad, compartiendo la desnudez con el otro más significativo.
También es notorio cómo se inhibe el funcionamiento del sistema nervioso, ya que se adormece e inutiliza un circuito completo de circulación. Cuando estamos remitidos solamente al placer, nos movemos dentro de un circuito chico que es el llamado Percepción/Motor, circuito cerrado , que, al recibir cierto tipo de estímulos o ganas, se orienta hacia la descarga de ese monto aumentado que llamamos deseo, cuya acumulación es vivida como como displacer. La descarga es motora, o sea con la motricidad, la ación que lleva hacia la descarga. La persona queda subordinada a los sentidos, guiada por ciertos señuelos que son particulares o comunes, sean la belleza exterior, un tipo de fragancia, un sabor. Los sentidos mandan. Quieren, buscan su objeto, se satisfacen, hasta nuevo aviso, que será pronto, se lo aseguro. éste es un circuito de repetición. Sencillo: carga, acumulación, descarga.
En cambio, si se activa otro tipo de contacto entre dos personas, se irradia el deseo hacia todo el cuerpo, y se mantiene el propósito de dar y tomar Amor, de conocerse, de entregarse, abrirse, uno al otro y recibir al otro en uno, el sistema nervioso funciona completo, se abre una usina. El gran circuito. Activar esta circulación implica no sólo retirarse del callejón sin salida, sino poner en marcha la verdadera capacidad evolutiva que tiene cada ser humano, guardada en los pliegues de la información genética, abrir la creatividad y la inteligencia. Los sentidos no son los amos, sino que obra el ser en ellos, y éstos se expanden. El circuito grande está en funcionamiento.
Se está en consonancia con una fuerza mayor.

La sexualidad sagrada es una meditación, es una práctica y a la vez nos ilumina acerca del Misterio Mayor. Para acceder a ella, sin embargo, no alcanza con quererlo. Es indispensable reconocer que hay que desarmar un conjunto de hábitos, que incluye al sistema de conceptos con el que vemos el mundo, el Amor, el Sexo, el Hombre, la Mujer, el para qué estamos vivos. A la vez, en este reconocimiento, está implicada la necesidad de acceder desde un nivel terapéutico a curar el encierro en el que se está.
Yo no puedo prometer que tendrá una satisfacción garantizada, pero sí puedo sugerir esta práctica como la vía real para desarmar circuitos de repetición, para acceder a lo Divino. La Divinidad no es una idea que queda allá arriba y lejos, menos aún lejos del cuerpo.
Esta modalidad acerca a los amantes entre sí, facilita la verdadera conexión, la comunión en cuerpo y alma. Todo esto, reconecta al ser humano con el Poder, ya que es una clave que está replegada como el árbol en su semilla. Seguramente, si revisamos la historia, nos vamos a encontrar rápidamente con el para qué que aislarnos del sentido sagrado de la sexualidad, antes por la represión, hoy, por el desmerecimiento y el uso: nunca fue "conveniente" que las personas registren su propio poder ni el poder de lo Creativo. Que un ser esté conectado con la Divinidad, con su esencia, lo hace menos manejable, se le puede vender menos artículos. Una persona plena, no compra de más. Ni se deja dirigir así nomás.

Esta es una invitación a revisar cuánto utilitarismo y garantismo conduce nuestra vida, cuán alejados estamos de la esencia de la Vida si pensamos que una relación sexual, "nos tiene que dar algo, o tiene que tener un resultado definido".
Cuando se busca un objetivo, se perdió el Amor, se le quiere extraer algo para sí. Y se pierde la línea subyugante que cada vez nos hace recorrer distintos caminos. También se pierde el deseo. Ya que la fuerza erótica, sin Amor, se consume en el tiempo. El deseo está vivo cuando sostenemos el Misterio, o sea, el NO Sé.
El orgasmo, entonces, deja de ser una meta, y se convierte, cuando ocurre, en un viaje fuera de las coordenadas de espacio y tiempo, el control se derrite y adviene el Amor, o sea, el fluir con los ritmos del Universo. Cada vez ocurre un big bang que da lugar a una nueva creación. Para que esto ocurra, sólo es posible, si se habilita el circuito mayor en el sistema nervioso, ya que el circuito chico no incluye viajes espaciales. Para ello, consagrarnos es la clave.


Tomando el poder de lo masculino-femenino
Sexualidad sagrada, un camino evolutivo









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