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Basura

LA BASURA



En los últimos años las naciones del mundo industrializado han cuadriplicado su producción de desechos domésticos, incrementándose esta cifra en un dos o un tres porciento por año.
El volumen de producción de desechos es inversamente proporcional al nivel de desarrollo del país que se trate.
El reciclaje es la única forma para liberarnos de los desperdicios y sacarles provecho.
Con todo el papel y el cartón que cada año se tira en los países desarrollados se podría fabricar un rollo de papel higiénico que diera veinte veces la vuelta a nuestro planeta. Para conseguir una tonelada de pasta de papel es necesario talar catorce árboles, de los cuales cada uno habrían tardado 20 años en crecer.
En algunas ciudades de Europa, se tiran cerca de 500 toneladas de cartón y papel usado, recuperándose apenas de 2 a 3 millones de toneladas por año en cada uno, significando la salvación de la tala entre 20 y 30 árboles.
Países como Suiza y Holanda, en donde existe una mayor concientización de la población, se reciclan casi el 50% de los desperdicios.
Si la situación es grave con los residuos dométicos, lo es más aún con los procedentes de la industria y la producción nuclear. El Mediterráneo es una de las cuencas marinas más contaminadas del mundo. El Atlántico acoge más de 100.000 toneladas de residuos nucleares de baja y media actividad, además de muchos productos tóxicos.
Una gran cantidad de los residuos industriales se puede reciclar y reincorporar al ciclo productivo. Tirándolos en las profundidades marinas y transformándolos en el horno en humos no menos tóxicos conseguiremos apartarlos de nuestra vista, pero no los hacemos desaparecer. La alternativa válida consiste en depositarlos en vertederos permanentemente controlados en los propios países en donde se produce, siendo esta una solución costosa pero más responsable.
Diariamente consumimos y tiramos a la basura gran cantidad de productos de corta duración, desde los pañales del bebé hasta el periódico.
Se estima que los envases de los productos representan el 40% de la basura doméstica, siendo nocivos para el medio ambiente y además encarecen el producto. Una vez que ponemos la tapa en nuestro cesto de basura, nos olvidamos del problema; a partir de ahí es asunto de los municipios. Estos tienen varias posibilidades: arrojar la basura en vertederos (solución económica pero peligrosa); incinerarla (costosa pero también contaminante); o separarla en plantas de tratamiento para reciclar una parte y convertir en abono los residuos orgánicos. Esta sería una solución mucho más ecológica, pero también más costosa.
Mientras tanto, nosotros podemos desde nuestra casa colaborar para no agravar el problema:

Ir de compras con bolsas propias y rechazar las de plástico (o por lo menos reutilizarlas como bolsas para basura)
Si hacemos compras grandes pedir al supermercado cajas de cartón.
Comprar preferentemente botellas de vidrio reutilizables, seguidas por las reciclables y en último caso, los cartones tipo tetrapak.
Comprar la mayor cantidad posible de productos a granel (fruta, verdura, quesos, etc.) que no necesitan ir en bandejas de poliuretano.
Si no se encuentra papel higiénico reciclado, rechazar al menos los de colores. Para la fabricación de estos últimos se gastan grandes cantidades de productos químicos.
Preferir siempre papel reciclado.
Reciclar todo el material posible.

Lo ideal es disponer de 4 cestos de basura distintos: uno para los desechos reciclables (vidrio, papel, etc.); otro para residuos no reciclables (plásticos) que serán recogidos por los servicios municipales; el tercero lo utilizaremos para los desechos orgánicos (cáscaras de papas, restos de verduras y frutas, etc.). Si tenemos un jardín, conviene instalar cuanto antes un fertilizador, donde estos desperdicios se convertirán en un excelente abono natural. Por último, el cuarto cesto deberá estar reservado para la basura especial: pilas, medicamentos, termómetros de mercurio rotos, pinturas, barnices, disolventes, restos de insecticidas y otras sustancias químicas.

Los municipios carecen de infraestructura para tratar las basuras tóxicas. Por lo tanto, aconsejamos ejercer una presión social para que se solucione este problema. Si en todos los municipios llaman a diario varios ciudadanos para preguntar donde pueden entregar sus desechos tóxicos, es muy probable que en algún momento algo se les ocurrirá.
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