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Cielo

COMPOSICIÓN DE LA ATMÓSFERA


Así como a grandes rasgos tenemos presente la existencia de mares y océanos, no vivenciamos del mismo modo la sutil presencia de la atmósfera, que tomamos en cuenta apenas como dato ligado a la temperatura ambiental, a la lluvia o a los grandes temporales, en tanto la radio nos bombardea sin cesar con las mediciones de la presión atmosférica, la humedad relativa ambiente, la visibilidad neta, la sensación térmica y la potencia-orientación del viento.
Nada de ello nos ayuda a ubicarnos en el vasto entramado compuesto por el globo terrestre, sus suelos y sus aguas, el aire y la luz solar: la materia prima crucial de lo que llamamos biosfera o esfera de la vida.
Miramos hacia lo alto en una tarde clara: parecería que el espacio no tiene fin. Lo cual es cierto en lo referido al campo visual que denominamos cielo, pero en lo concerniente a la atmósfera existen límites, y muy concretos.
Si el asunto asomó en los últimos años a la cháchara indolente de los medios de comunicación social, ello ha ocurrido en especial a propósito de instancias "críticas" que se han llamado calentamiento global (efecto de invernadero), deterioro de la capa de ozono, acidificación de las lluvias y agonía de los bosques y selvas.
Entretanto, abundan las noticias sobre las situaciones de emergencia respiratoria surgidas en metrópolis poluidas como Santiago de Chile, México (DF), San Pablo o Atenas.
Más allá del apocalipsis vuelto deporte o juego de apuestas, es totalmente cierto que la Tierra atraviesa una crisis atmosférica y climática producida por actividades humanas contaminantes y por superposición de las mismas. Dado que la atmósfera es el envoltorio gaseoso que actúa como enlace entre nuestro planeta y el universo, su frontera inferior en lo concerniente al nexo con el suelo y las aguas resulta obvia.
No sucede lo mismo en lo referido al límite superior, dado que los gases que componen el océano atmosférico van apareciendo en otras proporciones a medida que se acerca más al misterioso mundo del sistema solar.
El medio gaseoso que denominamos aire es en verdad una membrana que en el caso de la atmósfera elemental posee unos 100 kilómetros de espesor. Su capa inferior -bajo la cual vivimos- se denomina troposfera, con un espesor promedio de 12 km y en estado constante de turbulencia, con masas de aire en movimiento continuo y mezcla incesante.
Su composición es persistente: 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno, 1% de gases nobles (inertes), vapor de agua, anhídrido carbónico y micropartículas llamadas "aerosoles". Allí tienen lugar el ciclo completo del agua (evaporación, congelamiento y condensación) y el total de los fenómenos meteorológicos.
A continuación se halla la tropopausa que separa a la inferior de la siguiente: la estratósfera, que se extiende hasta los 50 km de altura y cuyos primeros 20 km mantienen la temperatura de la troposfera, dándose luego variaciones y hasta incrementos pues absorbe bastante radiación ultravioleta proveniente del Sol. No posee turbulencias y sus vientos constantes siguen un patrón casi fijo.
A partir de los 80 km se suceden la estratopausa, la mesosfera y la mesopausa, donde suelen formarse las nubes "noctilucenses" (que captan reflejos solares y estarían compuestas por cristales de hielo montados en partículas que provienen del espacio interestelar).
La parte más extrema se denomina termosfera y sus temperaturas llegan a los 1500 C debido a la absorción de energía solar, y la frontera final se llama exosfera (800 km). Las exploraciones revelan que a partir de los 1500 km no hay transición en la composición y la presión reinante, predominando por un lado iones de hidrógeno y por otro electrones y protones de la radiación cósmica.
La composición atmosférica permite otra clasificación, a partir de una capa inferior llamada homosfera (hasta una altitud de 80 km) donde la proporción de los distintos componentes del aire es invariable. Esta situación varía más allá y hasta los 80 km, y constituye la heterosfera donde en sucesivas capas van predominando el nitrógeno molecular, el oxígeno atómico, átomos de helio y átomos de hidrógeno. Se superpone en la alta atmósfera una región de capas ionizadas cuya conductividad máxima se da a los 100 km de altura.
A partir de los 50 km de altura, los componentes atmosféricos empiezan a ionizarse a causa de los rayos X y ultravioletas que provienen del Sol. A esta ionosfera (de densidad variable en iones positivos y electrones) le sigue la magnetosfera, donde la acción de las partículas cargadas eléctricamente no responde a la acción de la gravedad sino a un intercambio entre el magnetismo terrestre y los vientos solares. Esta zona se extendería hasta los 60000 km de altura y es un descubrimiento reciente, que se estudia a partir de la actividad de los satélites norteamericanos de la serie Explorer.


Fuente: Miguel Grinberg, del libro "Ecología cotidiana: cómo transformar nuestra miopía depredadora en un acto de reverencia por la vida" - Ed. Planeta, 1994



Formación de la atmósfera
Su influencia en nosotros







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