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MAITREYA
La superación del miedo mediante los Decretos




La afirmación "El Amor Perfecto arroja el miedo" es cierta, porque puede comprobarse científicamente como demostración de la Ley Cósmica.
Aunque es difícil para los seres humanos, forjados en el molde de la conciencia humana, percibir la completa perfección de Dios que se encuentra en ellos mismos, es a través del entendimiento del Amor Perfecto, como todo hombre y mujer puede alcanzar el nivel en el que comprenda que el Amor es la esencia de la Individualidad.
El Amor Perfecto del que estoy hablando, es el Amor que emana del DiosPadre-Madre desde la propia esencia del Verdadero Ser. Es este Amor que, cuando invocado por las criaturas de Dios a través del Decreto Divino, disolverá y consumirá instantáneamente todo miedo y duda, toda ansiedad, frustración y la sensación de soledad que la humanidad ha adquirido a través de la percepción de estar separada de la Fuente de Vida.
El velo que colgaba en antiguo Templo hebreo entre el sanctasanctórum y el lugar santo simboliza el velo del Mediador Divino que protege a la Perfección de Dios contra la imperfección del hombre. Este es el velo autorizado por Dios para proteger el Altar del Fuego Sagrado en el Lugar Santísimo, donde sólo el Sumo Sacerdote y el Yo Crístico de cada quien puede entrar. Este velo impide entrar al sanctasanctórum a aquellos cuya conciencia todavía tiene que elevarse para el ritual de sintonía con la Mente Crística.
Existe otro velo que separa al hombre de su Dios. Es un velo de energía compuesto por un campo energético de pensamientos y sentimientos mortales que el hombre teje con su propia discordia. Este velo se ha convertido en un muro de separación entre la conciencia evolutiva del alma en el hombre y la Gran Llama Divina que enfoca la energía vital del Ser Real dentro del Corazón.
De esta forma, el hombre se ha separado por sí mismo de la sede de misericordia y del arca del testimonio de su identidad con Cristo. Y durante siglos, este velo de energía lo ha privado eficazmente de la Verdad de su propio ser y de la Presencia de Dios.
Por lo tanto, es el hombre mismo quien tiene que rasgar el velo de su conciencia mortal -de la cual es autor único- antes de que se le pueda impartir la Sabiduría de la Ley.

Así, cuando nos acercamos al tema del miedo y su consecuente superación, a través de la invocación del Fuego Sagrado que arde en el altar del sanctasanctórum del ser del hombre, tenemos que entender que las energías que componen el velo -ya sea que aparezcan como orgullo, dureza de corazón, prejuicios, odio, gula o codicia humana- pueden reducirse a un denominador común, que en este discurso expongo como "el Miedo".
Este miedo es la ansiedad y la incertidumbre que surgen desde lo profundo de las entrañas de la conciencia humana en el momento en que ésta se separa de Dios.
De este temor se deriva toda forma oscura, toda manía y toda influencia maligna, de la que la raza humana es heredera.
De veras se puede decir que existen islas de sustancia densa o de contaminación psíquica, ubicadas dentro de la conciencia de la humanidad. Bajo ciertas condiciones, siempre acompañadas de alguna explosión de energía emocional. Estas islas -repito: bultos conglomerados de temor y sus componentes- se unen rápidamente con el continente de negación en la conciencia colectiva del mundo, amplificándo al mismo tiempo los momentos habituales de negación que existen en el mundo del individuo.
Esto resulta en una gran inundación de mareas de infelicidad, causada por una intensificación de aquellas cualidades y condiciones que son exactamente lo contrario del Plan Celestial.
San Pablo explicó el dilema de estas motivaciones y momentos habituales subconcientes al decir: -"No hago el bien que quiero, más el mal que no quiero, eso hago"

¿Qué puede hacer, pues, el discípulo de nuestros tiempos para protegerse a sí mismo contra el intento maligno y la acción maligna que encuentra manifestados en sí mismo y en el mundo en general?
¿Qué medidas prácticas puede emplear para contrarrestar ciertas tendencias?
¿Cómo puede aislarse de las influencias de las manifestaciones que son todo menos benignas, ya sean internas o externas?

"Y con todo lo que adquieras, adquiere entendimiento", fue el consejo que dio un sabio hijo de Dios. Él estaba consciente de la necesidad de entender el significado de la vida tanto dentro como fuera de sí mismo.
Las aulas de la Tierra contribuyen al entendimiento del hombre acerca del mundo externo. La filosofía y la psicología, así como la ciencia y la religión, fomentan hasta cierto grado la comprensión que el hombre tiene de sí mismo. Sin embargo existe un sinnúmero de deficiencias en estas disciplinas, y la confusión y la infelicidad colectivas de la actualidad, a niveles físicos, mentales y aún espirituales, confirman este hecho.
¿Qué es entonces el MIEDO? En primer lugar el miedo es una vibración -una vibración negativa- una sensación de entender mal la vida y sus propósitos.
Pero es más que eso; es una mala costumbre.
Muchas de las experiencias repetitivas de la humanidad han sido indeseables; por lo tanto conscientes del que así llamado mal puede atacarlos, los hombres están recelosos de su futuro. Se preguntan si tendrán éxito y si serán capaces de retenerlo una vez que éste les sea concedido. El recuerdo de los fracasos pasados, pues, mantiene vivo los registros del miedo en el presente.
La comprensión del verdadero Plan del Padre siempre es beneficiosa para extirpar el miedo del mundo de un individuo.
Hace mucho tiempo Jesús declaró: "El Padre anhela daros el Reino". Ahora bien, cuando el demonio, personificando las tentaciones negativas del mundo, lo llevó a lo alto de una montaña mostrándole todos los reinos del mundo, le dijo: "Todo esto te daré si postrándote me adoras". Jesús replicó: "Apártate de mí, Satanás, porque escrito está, al Señor tu Dios adorarás y sólo a Él servirás".
Al analizar su respuesta, entendemos que la Palabra de Dios es el baluarte de la fuerza del hombre contra el miedo y la negación. Efectivamente, la Palabra de Dios afirmada como un Decreto Divino y -reafirmada por el hombre en defensa de la Rectitud y de la Verdad- supera toda tentación.
Jesús sabía también que cada promesa de felicidad con la que la mente carnal pudiera tentar al hijo de Dios, ya había sido cumplida por el Padre Celestial. Por consiguiente, Él le dio una severa reprimenda al diablo, superando así el ímpetu planetario de un materialismo exento de Dios. Él venció la tentación de seguir la vida mundana con la plena fuerza de la Palabra: -"Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él servirás"-. La afirmación: "El Padre anhela daros el Reino", muestra a la humanidad que el designio Divino para todo hombre y mujer es el de que cada uno no sólo tenga abundancia de toda cosa buena, sino también de todo el bien del que pueda beneficiarse en cualquier momento, por cualquier razón, en cualquier lugar. ¿Qué es entonces lo que tenemos que temer excepto el miedo mismo?
Jesús dijo: -"Yo he venido para que tengan vida y para que tengan más abundantemente". Este es el mensaje del Verbo de Dios a toda vida. ¿Porqué entonces los hombres, permiten que se les prive de los dones y de las gracias celestiales por medio del miedo y de otras vibraciones negativas que acosan al subconsciente colectivo de la raza?
Si me permiten parafrasear a uno de sus poetas: "Yo dibujé un círculo y lo excluí a Él, Él dibujo un círculo y me incluyó en él", quisiera señalar el hecho de que su Yo Divino es el iniciador del yo humano y de que todas las experiencias que ocurren en la vida del hombre tienen el propósito de pulir el "diamante en bruto" de su identidad, a fin de que éste bendito diamante pueda colocarse debidamente a plena vista del universo en una montadura apropiada. Refiriéndose a esto Jesús dijo: "Vosotros sois la Luz del mundo. Una ciudad situada en la cima de un monte no puede ocultarse".



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