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LOS SIETE YOES



Cada entidad, hombre, hada o miembro de otra evolución tiene siete yoes diferentes.
El séptimo, el sexto y el quinto son demasiado evolucionados para comunicarse con los terrestres. El cuarto yo alcanza un estado en el que puede trabajar con el pensamiento. El tercer yo trabaja en parte con el pensamiento y en parte con el cuerpo; puede ser visto por los que intentan ayudar. En el plano astral trabajamos con nuestros cuerpos pero empezamos a aprender el poder del pensamiento.
En el plano terrestre se trabaja con el cuerpo y el cerebro exclusivamente y si se toma contacto con los yoes se nos denomina inspirados.
El yo más elevado trata de controlar las acciones de los yo inferiores. El sexto yo está en contacto con el yo superior pero siempre está contactado con el quinto, el cuarto, etc. Cuando alguien hace contacto con su yo superior o con alguno de los más altos, abre su mente a conocimientos más allá de su capacidad en el cerebro físico en condiciones normales. Se abre a una sabiduría que generalmente no se puede creer.
ésta es la verdadera razón de una meditación, recibir conocimientos inaccesibles acompañados de éxtasis espiritual y belleza visible, pero la búsqueda de las verdades es el fin primordial de nuestro silencio y quietud. Cuando anhelamos alcanzar un estado de conciencia más allá de nuestra capacidad corriente, los que meditan generalmente entran en trance. En una meditación colectiva, hadas y hombres elevan sus pensamientos al más alto nivel posible para luego seguirlos. Si se está aún en un cuerpo físico se deberá aprender a liberar el cuerpo astral de su gruesa envoltura carnal antes de poder hacer esto. Las hadas no sufren este impedimento y siguen a sus mentes hasta donde sean capaces de llegar.
Todos deberíamos trabajar con una visión de largo alcance; en la Tierra la mayoría de las personas creen que se vive una vez, como un fogonazo en toda la eternidad. La idea de regresar una y otra vez para saldar deudas harto olvidadas puede parecer injusta, pero un pecado sea reciente o no continúa siéndolo y es parte de nuestro yo mientras no sea borrado sufriendo física o mentalmente un daño similar al causado.
Hadas y hombres deben mancomunar sus esfuerzos, aunque al hombre le cueste luchar si no ve el fruto del esfuerzo. Debe llenar el aire de pensiformas que las hadas harán crecer en fuerza y claridad y si además se esfuerzan en absorber su poder algún día las visualizarán.
Todas las hadas tienen la esperanza de que un día todos los humanos puedan ver y oír a las hadas, siempre presentes a su lado en sus jardines y en sus hogares.

"Las acciones y reacciones de las fuerzas angélicas, de acuerdo a leyes inmutables, crearon y continuaron sosteniendo todo cuanto existe en la Naturaleza; manteniendo a los planetas en su órbita y a las estrellas en su sitio a pesar del frenético torbellino del Universo.
Si el hombre obedeciese estas leyes la Tierra podría ser perfecta, pero su libre albedrío tiende más a violentarlas o violarlas que a cumplirlas. Ha demostrado ser más reo que rey. Ni con la ayuda de Angeles ni de Hadas podrá reformarse el hombre, sino por su propio esfuerzo personal; al colaborar con las Leyes Cósmicas hallaría su propia paz y ésta crearía la paz exterior."



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