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Acerca de lo que es real y el manejo de las circunstancias


"La realidad es aquello que no desaparece cuando dejas de creerlo" (Philip Dick).

El papel del periódico que estás leyendo, tu mano, la silla en la que estás sentado, todo eso te parece muy tangible, de una realidad fuera de toda discusión. Sin embargo, ahora sabemos (física cuántica mediante) que dicha tangibilidad es sólo aparente, que la materia observada a niveles subatómicos no es más que espacio vacío lleno de potencialidades de existencia.
En dichos niveles ultramicroscópicos, no existe "algo material" como una mano, luego espacio y nuevamente otro "algo material" como la pared. Todo es un continuo de energía, sin interrupciones. Sin embargo, nuestro aparato sensorial actúa en cierta longitud de onda, haciéndonos percibir a dicho espacio continuo e hirviente de energía con la apariencia que habitualmente tiene para nosotros, adquiriendo entonces el mundo un aspecto de realidad tan sólo válido para nuestro nivel de existencia, pero que cambiaría totalmente de aspecto si otros fueran los sentidos (o la amplitud de los mismos) con los cuales captarlo. Se ha calculado que podemos percibir algo menos del 10% de "todo lo que existe". En mi opinión, es ese un cálculo exageradamente optimista.

Hagamos un ejercicio mental. Supongamos que en lugar de poseer el sentido de la vista que normalmente tenemos los humanos, estuviéramos dotados tan sólo con visión de rayos x. En tal caso, describiríamos a un rosal más o menos de la siguiente forma: "Es un hilo de agua que se eleva y queda suspendido en el aire. Cuando llevamos nuestros dedos a cierta distancia de aquel hilo de agua, éste nos pincha, y cuando acercamos la nariz donde terminan las pequeñas venas de agua, se percibe un armonioso y agradable aroma, aunque esto último lo hemos observado sólo en primavera". No vemos al rosal tal cual es, sino sólo de acuerdo a lo que nuestros sentidos nos permiten captar de él.
La ciencia sabe que el águila, la abeja, el hombre, tienen diferentes percepciones al mirar lo mismo. Sabemos también que el perro olfatea olores que nosotros no podemos ni siquiera imaginar o escucha infrasonidos para nosotros inaudibles.

En un pasaje de la película "The Matrix", el personaje principal, Neo, le pregunta a su maestro Morfeo: "¿Esto no es real?" y Morfeo le responde: "¿Qué es real? ¿Cómo defines lo real? Si te refieres a lo que percibes a través de tus sentidos, a lo que tocas, hueles, gustas, escuchas o ves, eso no son más que señales eléctricas que interpreta tu cerebro".
Si ni siquiera podemos confirmar la realidad que captan nuestros sentidos, si en verdad el mundo material y externo es ilusorio, un conglomerado de energía que entra en contacto con nuestro limitado aparato sensorial y que toma así cierta apariencia, ¿qué podemos decir entonces de la realidad psicológica que nos hace sentir según se presenten las circunstancias del contexto?
"Allí afuera" existen hechos que no vienen con la etiqueta de "lo bueno", "lo malo", "lo lindo", "lo feo", "lo agradable", "lo detestable". Los hechos simplemente... son. Nuestros filtros de interpretación, nuestros condicionamientos psicológicos, son los que imponen significados a las circunstancias.
A partir de dichos significados, se dispara una serie de reacciones mentales/emocionales que nos producen la sensación de placer o dolor, de agrado o desagrado, de felicidad o tristeza. Para el que percibe, estas sensaciones crean su realidad psicológica, aunque como vemos, en un nivel profundo, no son más que ficciones, interpretaciones que nuestros programas inconscientes realizan por nosotros.

Así como estamos limitados en nuestra capacidad para percibir "todo lo que existe" (tal como vimos al principio), así también nuestros condicionamientos psicológicos limitan nuestro espectro de vivencias, condenándonos a reaccionar automáticamente de acuerdo a los inventarios de significados mentales y emocionales almacenados en nuestra memoria, creando así una sensación de realidad psicológica basada en automatismos ilusorios, perdiendo así la "Felicidad de la Mirada Nueva", tal como dicen algunos sabios de Oriente.
Si bien la "prisión de los sentidos" es un fenómeno natural y aceptable, no lo es igualmente el hecho de vivir atrapados entre los barrotes de una prisión construida de creencias, automatismos y condicionamientos psicológicos, lo que nos produce apego, conflicto, separación, infelicidad, dolor.

A lo largo de la historia, los sabios de la filosofía perenne observaron la ilusión en el mundo y en ellos mismos. Sometieron sus egos a la disolución que implica una seria Autobservación. Eliminaron así la carga del condicionamiento, es decir la autoimportancia del ego, encontrando (o desocultando) al Ser Esencial. Se dieron cuenta de que la Búsqueda no es exterior, que no se trata de construir ideas fantásticas sobre Dios, que el Camino a la Verdad consiste en quitarse la máscara del ego que condiciona, que impide ver las cosas como son, que sofoca al Rostro Primordial que ya está en uno mismo. Observaron que las circunstancias adquieren significado a través de los programas interpretativos de un ego inflado que busca perpetuarse en su autoimportancia y ficción.

Se dice que el filósofo Rousseau había encontrado el gran secreto de la vida, lo que él llamaba "el arte de manejar las circunstancias". Las circunstancias no son nunca el problema. El problema es la interpretación que hacemos de ellas. Y esas interpretaciones, en general, ni siquiera nos pertenecen, ya que nos fueron grabadas por milenios de programaciones sociales, religiosas, étnicas, familiares y una larga lista de etcéteras condicionantes. Observar en nosotros mismos la acción de dichos automatismos es comenzar la liberación, el Despertar, la transmutación de la reacción automática por la acción libre y presente.
¿Podemos mirar la realidad con una visión renovada, a cada instante, o la vivimos a través de filtros de percepción instalados en el pasado, estando así nuestro Ser Verdadero en ausencia? ¿Generamos Acción Presente, o tan sólo reaccionamos, como autómatas programables y esclavizados? Finalmente, relacionando los dos "niveles de ilusión" que hemos comentado aquí, es interesante recordar uno de los secretos del Camino Interior que nos dice que "cuando alivianas tu mente del condicionamiento psicológico, también se expandirá la percepción de tus sentidos".

Luis Alberto Vence
autor de "Los delfines plateados de la luna"









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