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"Todos seremos ancianos..."


Nuestros viejos, los más hermosos seres quienes al igual que los niños, necesitan tanto de nosotros, pero son muchos los detalles que se desvanecen por insensibilidad y descuido, sin tomar en consideración las alteraciones que sufren por el viejo amigo tiempo.
Son tan completos, con todo un cúmulo de experiencias, sabiduría, logros, historias, valores y amores... tienen todo cuanto necesitan para compartir con sus seres queridos, pero la mayoría de las veces son ignorados por nosotros, los que somos sus hijos, sus nietos ... sus amigos.
¿Cuántas veces los hemos arrojado lentamente a un rincón donde ya no podrá hablar, ni opinar?, pues si emite su opinión será censurado y en muchos casos maltratado por la familia. Se quedan solitarios recordando esos viejos momentos que vivieron cuando eran importantes y necesarios en la casa, cuando podían sonreír por las travesuras que sus niños hicieran en el parque o en la escuela; todo un conjunto de actividades que ya no pueden desarrollar porque sus cuerpos ya no responden como antes.
Lejos y ensimismados algunos no soportan su realidad y llegan a tomar medidas tan extremas como el suicidio. Recuerdas cuando eras niño y decías que tus padres no te querían.

Ya su tiempo está declinando, los granos de arena ya fueron casi por completo consumidos por el reloj... el viento se acerca más y más para romper el cristal del reloj y ya no habrá momento para volver atrás, para decirles lo mucho que les necesitamos, que los amamos y agradecemos todo cuanto han podido hacer por nosotros... y se irán con ese vacío de soledad.

La longevidad (vejez) ocasiona arrugas, el cabello de encanece, aumentan los dolores de los huesos, temblor, pérdida de la visión y del oído, pérdida de la memoria inmediata y capacidades intelectuales, sentimientos de inutilidad, pérdida de la autoestima, aparece el estado de infelicidad, ensimismamiento, síndrome depresivo, sentimientos de inutilidad, frustración, pesimismo, se tornan exigentes y con una sobredosis de angustia y "resonjo", la expresión facial se modifica, descienden los tejidos del cuello, se pierde el vello, se alteran las tallas y posturas, disminuye la fuerza y tonicidad muscular, menopausia en el sexo femenino, se reduce y tiende a desaparecer la erección y eyaculación en el sexo masculino (andropausia)... pierden afectivamente a sus familiares, compañeros, amigos, la sociabilidad se degrada... todo lo han perdido.

Nuestra forma de tratarlos no les ayuda a superar sus carencias, por el contrario se acentúa su soledad y abandono. Los arrojamos en geriátricos y en otras fundaciones donde jamás lograrán reemplazar nuestra participación en el proceso de terapia, por el contrario, se requiere tu participación plena en el hogar.
Pero en estos hogares de cuidado diario y/o geriátricos es cierto que se trata de equilibrar el espíritu del anciano, estimulándolo, dándole un poco de amor, de atención médica y psicológica, pero esto no es suficiente, porque ellos son llevados a estos centros y abandonados allí como un mueble viejo que jamás volvemos a visitar. Recuerda que la mayoría de los geriátricos tienen problemas económicos y muchos de estos "viejitos" mueren por insalubridad.
El calor del hogar fortalece el espíritu, compartir con los seres más importantes y ser comprendidos por ellos, estimula para sentir que todavía nos necesitan. Pero si ellos no aceptan pensar, hablar y opinar como la familia lo necesita son maltratados.
Ellos necesitan más amor, mayor comunicación y ser estimulados a intentarlo una vez más, cuando se tropiezan y caen.

No se imagina uno lo que puede ser la soledad de la vejez, hasta que ella empieza a aparecer día a día ante nuestros ojos, en el rostro lleno de arrugas del anciano que pasa sus días esperando la llegada de un hermano que jamás vendrá a visitarlo, o en el silencio de una anciana que reza por unos hijos que no han vuelto a preguntar por ella, o cuando no hay respuesta para la anciana que, desde su silla de ruedas, pregunta: ¿qué me va a mandar, doctora, para que se me quite la tristeza?.

No se entiende bien la realidad de aquel verso de Gustavo Adolfo Bécquer: "Dios mío, ¡qué solos se quedan los muertos!", hasta que no se asiste a la muerte de un anciano en un Geriátrico: la urna estará solitaria en la capilla, a veces alguien del personal traerá flores, alguna anciana rezará el rosario y los demás se acercarán solo un momento, porque la idea de la muerte es siempre una sombra que ronda por sus vidas; rara vez habrá un familiar que llore, que acompañe al viejo hasta el cementerio o que alguna vez le lleve flores…"

"No pensamos jamás que llegada la vejez, podríamos también terminar nuestros días viviendo y muriendo en un Geriátrico. No lo pensamos, como tampoco nunca lo pensaron los ancianos que hoy viven en la Unidad Geriátrica de Coro. Y uno, médico del cuerpo, se pregunta impotente con la sabiduría a cuestas ¿qué le mandaré a Doña Cata para que se le quite la tristeza?."

La vida en un geriátrico no es fácil y pensar que en nuestro país mueren cantidades de ancianos por desatención, por falta de recursos económicos y por falta de amor. Nosotros los que estamos afuera, pensamos que nuestros problemas son una gran catástrofe, pero no imaginamos lo que podría estar pasando en la mente de esos hermosos ancianos.
¿Porqué no luchamos por un mejor mañana para ellos?, estoy seguro que buscando una mejor calidad de vida para ellos, nosotros también seremos beneficiados, y es muy simple amigo mío, todos seremos ancianos.

La respuesta está en tus manos. No podemos esperar a que el gobierno o las instituciones responsables lo solucionen todo. Levántate y produce algún cambio que los beneficie. Recordemos que los aportes económicos destinados a este sector son inconstantes, debido a que también existen otros problemas de tipo económico en el país, que el gobierno debe solucionar, porque es un bien macro de prioridades que finalmente equilibran al país, por la inflación y otros factores influyentes.
Entonces no podemos esperar, cuando nuestros ancianitos se mueren de hambre y soledad. El país somos todos y solo basta una semilla que podamos juntos aportar con constancia y responsabilidad.

Debemos comenzar por cambiar nuestras palabras, porque estas hieren. Es que las palabras son tan despectivas a veces, sin darnos cuenta lastimamos a nuestros seres queridos.

¿Deberíamos gritarles cuando dos veces nos hagan la misma pregunta?
¿Deberíamos hacernos los sordos cuando nos reclamen o aconsejen? ¿Deberíamos implantarles una personalidad que solo responda a nuestras propias conveniencias?
¿Deberían cuidar niños y encargarse de toda la responsabilidad de un hogar, mientras que trabajamos, paseamos o bailamos?
¿Será necesario internarlos en geriátricos?
¿Porqué no los estimulamos a intentarlo a una vez más?
¿Porqué no les demuestras que pueden contar contigo, así como cuando niño tu podías contar con ellos, en las buenas y en las malas...?
¿Debes sentir vergüenza cuando camines con ellos en las calles... frente a tus amigos?
¿Porqué se enrolla tanto la gente para expresar el amor a nuestros seres queridos, si al final de tu vida, también tu serás un anciano y de igual forma, la muerte estará cerca de ti?
¿Acaso no te has dado cuenta que solo cuando muere la gente tu te dispones a decirle cuánto les has querido y cuánto los necesitas...?

¿Porqué esperar tanto...? Hazlo ahora, porque nadie es adivino y todos necesitamos ser amados.
Vive el amor siendo diferente a la humanidad enferma de soledad, vive en la plena libertad que te brinda el amor... vive y lucha por un mejor amanecer, vive el presente a plenitud, porque de verdad ni tu ni yo sabemos cuándo vendrá el espíritu de la muerte... se romperá el cristal del reloj... y los granos de arena se regarán en el suelo, marchitándose la flor y solo quedará el silencio y tu espíritu volando libre, al fin, como una golondrina.

Nunca hagas lo que no te gustaría que te hicieran, te recuerdo amigo mío que tu algún día también serás un anciano... de ti depende si la historia no se repite...

Que Dios nos ayude a sembrar amor en el corazón de nuestros ancianos, porque todo el esfuerzo que podamos aportar para ayudar es valioso, no te resistas a luchar y seguir viviendo.
Ellos merecen todo cuanto necesitan, porque vale la pena amar a nuestros ancianos...
Que el Señor Dios los bendiga siempre.

enviado por Makiamo Estrela









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