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"Todos seremos ancianos..."
Ya su tiempo está declinando, los granos de arena ya fueron casi por completo consumidos por el reloj... el viento se acerca más y más para romper el cristal del reloj y ya no habrá momento para volver atrás, para decirles lo mucho que les necesitamos, que los amamos y agradecemos todo cuanto han podido hacer por nosotros... y se irán con ese vacío de soledad. La longevidad (vejez) ocasiona arrugas, el cabello de encanece, aumentan los dolores de los huesos, temblor, pérdida de la visión y del oído, pérdida de la memoria inmediata y capacidades intelectuales, sentimientos de inutilidad, pérdida de la autoestima, aparece el estado de infelicidad, ensimismamiento, síndrome depresivo, sentimientos de inutilidad, frustración, pesimismo, se tornan exigentes y con una sobredosis de angustia y "resonjo", la expresión facial se modifica, descienden los tejidos del cuello, se pierde el vello, se alteran las tallas y posturas, disminuye la fuerza y tonicidad muscular, menopausia en el sexo femenino, se reduce y tiende a desaparecer la erección y eyaculación en el sexo masculino (andropausia)... pierden afectivamente a sus familiares, compañeros, amigos, la sociabilidad se degrada... todo lo han perdido.
Nuestra forma de tratarlos no les ayuda a superar sus carencias, por el contrario se acentúa su soledad y abandono. Los arrojamos en geriátricos y en otras fundaciones donde jamás lograrán reemplazar nuestra participación en el proceso de terapia, por el contrario, se requiere tu participación plena en el hogar. No se imagina uno lo que puede ser la soledad de la vejez, hasta que ella empieza a aparecer día a día ante nuestros ojos, en el rostro lleno de arrugas del anciano que pasa sus días esperando la llegada de un hermano que jamás vendrá a visitarlo, o en el silencio de una anciana que reza por unos hijos que no han vuelto a preguntar por ella, o cuando no hay respuesta para la anciana que, desde su silla de ruedas, pregunta: ¿qué me va a mandar, doctora, para que se me quite la tristeza?. No se entiende bien la realidad de aquel verso de Gustavo Adolfo Bécquer: "Dios mío, ¡qué solos se quedan los muertos!", hasta que no se asiste a la muerte de un anciano en un Geriátrico: la urna estará solitaria en la capilla, a veces alguien del personal traerá flores, alguna anciana rezará el rosario y los demás se acercarán solo un momento, porque la idea de la muerte es siempre una sombra que ronda por sus vidas; rara vez habrá un familiar que llore, que acompañe al viejo hasta el cementerio o que alguna vez le lleve flores…" "No pensamos jamás que llegada la vejez, podríamos también terminar nuestros días viviendo y muriendo en un Geriátrico. No lo pensamos, como tampoco nunca lo pensaron los ancianos que hoy viven en la Unidad Geriátrica de Coro. Y uno, médico del cuerpo, se pregunta impotente con la sabiduría a cuestas ¿qué le mandaré a Doña Cata para que se le quite la tristeza?."
La vida en un geriátrico no es fácil y pensar que en nuestro país mueren cantidades de ancianos por desatención, por falta de recursos económicos y por falta de amor. Nosotros los que estamos afuera, pensamos que nuestros problemas son una gran catástrofe, pero no imaginamos lo que podría estar pasando en la mente de esos hermosos ancianos.
La respuesta está en tus manos. No podemos esperar a que el gobierno o las instituciones responsables lo solucionen todo. Levántate y produce algún cambio que los beneficie. Recordemos que los aportes económicos destinados a este sector son inconstantes, debido a que también existen otros problemas de tipo económico en el país, que el gobierno debe solucionar, porque es un bien macro de prioridades que finalmente equilibran al país, por la inflación y otros factores influyentes. Debemos comenzar por cambiar nuestras palabras, porque estas hieren. Es que las palabras son tan despectivas a veces, sin darnos cuenta lastimamos a nuestros seres queridos.
¿Deberíamos gritarles cuando dos veces nos hagan la misma pregunta?
¿Porqué esperar tanto...? Hazlo ahora, porque nadie es adivino y todos necesitamos ser amados. Nunca hagas lo que no te gustaría que te hicieran, te recuerdo amigo mío que tu algún día también serás un anciano... de ti depende si la historia no se repite...
Que Dios nos ayude a sembrar amor en el corazón de nuestros ancianos, porque todo el esfuerzo que podamos aportar para ayudar es valioso, no te resistas a luchar y seguir viviendo. enviado por Makiamo Estrela
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