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AIDS

EL ABUSO DE DROGAS Y EL SIDA



La conducta relacionada con el abuso de drogas es, en estos momentos, el mayor factor que propaga solo la infección del HIV en los Estados Unidos. El HIV es el virus de inmunodeficiencia humana, que causa el síndrome de inmunodeficiencia adquirida o SIDA. El SIDA es una condición que se caracteriza por un defecto de la inmunidad natural del cuerpo a la enfermedad, y el individuo que sufre de SIDA es vulnerable a enfermedades serias que comúnmente no amenazan a la persona cuyo sistema inmunitario funciona como es debido. Aunque muchos individuos que tienen SIDA o llevan el HIV pueden vivir muchos años con tratamiento médico, no hay vacuna ni se conoce cura para la enfermedad.

Prevención del HIV entre los usuarios de drogas inyectables
Es evidente en la investigación que el tratamiento del abuso de drogas es una manera probada de prevenir la propagación del HIV y del SIDA, especialmente cuando se combina con programas de extensión comunitarios para las personas en riesgo. Estos esfuerzos pueden reducir o eliminar el uso de drogas y la conducta asociada con las drogas que expone al individuo a infección por el HIV, como, por ejemplo, el compartir agujas y las costumbres sexuales peligrosas. Un estudio que comparó la tasa de infección por el HIV entre los toxicómanos que participaban en los programas de tratamiento antidrogas a base de metadona con la tasa de infección entre los que no se hallaban bajo el tratamiento encontró que los que no estaban recibiendo tratamiento tenían casi siete veces más probabilidad de ser infectados por el HIV durante los primeros 18 meses.
Este estudio halló también que mientras más tiempo los toxicómanos permanecían bajo tratamiento, menos probabilidad había de que fueran infectados.
Además, los programas de tratamiento antidrogas ayudan a reducir la propagación de otras infecciones llevadas en la sangre, entre las que figuran los virus de hepatitis B y C. La atención médica adecuada para el HIV y el SIDA y cualquier enfermedad asociada a ellos resulta crítica para reducir la propagación.

Las fases de la enfermedad
Según el grado de desarrollo de la enfermedad se podrían distinguir tres fases:

  • Fase inicial, precoz o aguda: el paciente puede no presentar síntomas.
  • Fase intermedia o crónica: esta fase tiene una duración variable, que se estima en varios años, y en ella persiste la proliferación viral, aunque a bajo nivel.
  • Fase final, de crisis o de SIDA: coincide con una profunda alteración general del paciente, aparición de graves infecciones oportunistas y alteraciones neurológicas.
Independientemente del mecanismo de transmisión, los síntomas que aparecen tras el contagio del HIV guardan relación con la dosis infectante, la virulencia de la cepa y la capacidad de respuesta del sujeto infectado. El HIV se disemina e invade muchos tejidos, especialmente el sistema linfático. El paciente infectado puede no presentar sintomatología.

Manifestaciones clínicas más frecuentes en la fase aguda:

  • Fiebre y/o sudoración, 97%
  • Adenopatías, 77%
  • Odinofagia (dolor al tragar), 73%
  • Erupción cutánea, 70%
  • Astralgias y mialgias (dolor de articulaciones y músculos), 58%
  • Trombopenia, 51%
  • Leucopenia, 38%
  • Diarrea, 33%
  • Cefalea (dolor de cabeza), 30%
  • Elevación de las transaminasas, 23%
  • Anorexia, náuseas o vómitos, 20%
  • Hepato o esplenomegalia (aumento del tamaño del hígado o bazo), 17%
Fase crónica
Esta fase tiene una duración variable, que se estima en varios años, y en ella persiste la proliferación viral, aunque a bajo nivel. Los pacientes suelen ser asintomáticos, con o sin adenopatías, cifra baja de plaquetas y mínimos trastornos neurológicos.
Aunque existen amplias variaciones individuales, se estima que en 10 años el 59% de los adultos y el 80% de los niños habrán evolucionado a estadios más avanzados, aunque la progresión de la enfermedad puede verse influida por muchos factores.

Fase final
Coincide clínicamente con una profunda alteración del estado general del paciente (Wasting Syndrome, síndrome de desgaste), aparición de graves infecciones oportunistas, ciertas neoplasias y alteraciones neurológicas. Es el momento en que se considera que el infectado por el HIV tiene SIDA.
El pronóstico de supervivencia es variable; parecen influir la edad, el mecanismo de contagio y la forma de presentación. El tratamiento con antirretrovirales ha mejorado la supervivencia: antes de su utilización se encontraba entre 30-50% a los dos años y era menor del 10-20% a los 4 años.


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