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Todos los contenidos y las fotografías de este espacio son
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y Outreach Media de Auroville, India.



De SRI AUROBINDO
Savitri - Una leyenda y un símbolo
EL EL PARAÍSO DE LOS DIOSES DE LA VIDA


Sinopsis

En torno a Aswapathy resplandece una radiante felicidad. Hay un gozo permanente no aceptado por el dolor ni el temor. El avanza a través de escenarios de belleza y de bienaventuranza, sereno y luminoso, oye las notas de la música celestial que cantan la gloria del Amor.

Las cumbres resplandecientes de este reino ascienden hacia grandezas que están más allá de la vida. En estos radiantes Edenes de los dioses vitales, la armonía, la belleza, la perfección son la norma. La Paz, el Amor, la Fuerza alcanzan su apogeo. El sufrimiento es transformado por el toque de la alquimia divina en un intenso gozo. El abismo que separa el cielo del infierno desaparece. Todos los altos sueños de la vida se corporeizan aquí; sus esperanzas, sus pensamientos, sus anhelos. El devenir de la vida es apacible y seguro. Una música divinizadota y profundos pensamientos creativos fluyen hacia Aswapathy. Los sentidos adquieren nuevos campos de acción. Su mismo cuerpo irradia luz y poder y ya no rehuye la demanda del espíritu de fundirse en identidad con él. La tierra renacida se convierte en compañera del cielo.

Aswapathy se eleva a la estatura de los dioses y en él se derraman felicidades divinas que lo transportan a ignotos éxtasis. Un toque del supremo llega a su corazón ardiente. La Eternidad se acerca bajo la forma de Amor y reclama el cuerpo del Tiempo.

Una gota gigante de Bienaventuranza le desborda y en torno suyo se expande un flamígero océano de felicidad. El es sumergido en sus melífluas olas y es capaz de resistir este deleite absoluto sin que su cuerpo se desmorone. El rapto lo purifica y convierte su fuerza mortal en poder inmortal.

La Inmortalidad captura el Tiempo y reclama la Vida.


EL PARAISO DE LOS DIOSES DE LA VIDA

En torno a él resplandecía un gran Día de felicidad.
Refulgencia de algún extático Infinito,
Contenía en el esplendor de su risa de oro
Las regiones de la dicha del corazón liberado,
Embriagado con el vino de Dios,
Inmerso en la luz, perpetuamente divino.
Favorito e íntimo de los Dioses,
Obediente al mandato divino del gozo,
Este mundo era el soberano de su propio deleite
Y dueño de los reinos de su fuerza.
Seguro de la felicidad para la que fueron creadas
Todas las formas, no afectado por el miedo, la
Aflicción y los choques del Destino, no alarmado
Por el soplo del Tiempo huidizo, ni alterado
Por el asedio de circunstancias adversas,
Respiraba en el dulce bienestar de una confiada
Seguridad libre de las fragilidades de nuestro cuerpo
Que propician la muerte, lejos de la zona de peligro de
Nuestra tambaleante Voluntad. No tenía necesidad
De reprimir sus apasionados latidos; vibrante por
El cálido abrazo de los sentidos satisfechos y el
Ímpetu prodigioso y repentino y la llama y el grito
De la magnífica galopada roja de los impulso de la
Vida, vivía en el ritmo exquisito de la risa de Dios
Y reposaba sobre el seno del amor universal.
Inmune, el liberado Espíritu del Deleite apacentaba
Radiantes hatos solares y rebaños de luna a lo
Largo del lírico curso de ríos-sin-penas en la
Fragancia del asfódelo celestial. Un silencio de
Felicidad envolvía los cielos, un resplandor
Asible sonreía sobre las alturas; un murmullo
De arrobamiento sin palabras tremolaba en los
Vientos y acariciaba el suelo encantado; sin
Cesar en los brazos del éxtasis repitiendo su
Dulce nota involuntaria,
Un sollozo de rapto fluía a loo largo de las horas.
Avanzando bajo un arco de gloria y de paz,
Viajero en el altiplano y en las cumbres meditativas
Como el que ve en el espejo del Mago Cósmico
Imágenes milagrosas de pasajes de alma raudas pasar,
Él pasaba por escenarios de un gozo inmortal
Y contemplaba abismos de belleza y felicidad.
En torno a él había una luz de soles conscientes
Y una acogedora alegría de grandes cosas símbolo;
Hacía él se acercaban con presteza llanuras de
Espléndida calma, montañas y valles violetas del Bienaventurado,
profundas hondonadas de gozo, canturreantes cascadas y bosques de púrpura y susurrante soledad;
debajo de él extendían como joyas de pensamientos radiantes
las extáticas ciudades soñadoras de los reyes Gandharva.
A través de los vibrantes sigilos del Espacio
una música beatífica lejana se insinuaba dulcemente;
tocada por manos invisibles él oía cerca de su corazón pasar
los sones del arpa de los ministriles celestiales,
y las voces de una melodía sobrenatural.
Cantaban la gloria del amor eterno en el aire blanco-azulado de luna del Paraíso.
Cumbre y corazón de todo ese Mundo maravilloso, se erguían los altos montes
sin Nombre del Eliseo, ardiendo como puestas de en un
Trance del atardecer. Como hacía una nueva profundidad
inexplorada sus bases se sumergían en un cascabeleo
De risas y voces, surcadas por una multitud de susurrantes
Riachuelos, adorando el cielo azul con su himno de felicidad
Hasta penetrar en los bosques de umbrosos sigilos:
En lo alto en la vastedad de un misterio silente, sus picos
Ascendían hacía una grandeza más allá de la vida.
Los radiantes Edenes de los dioses vitales lo acogieron
En sus inmortales armonías. Allí eran perfectas todas
Las cosas que florecen en el Tiempo; allí la Belleza
era el molde nativo de la creación, la Paz era una pureza vibrante y voluptuosa.
Allí el Amor consumaba sus sueños de oro y de rosa y la Fuerza sus poderosos ensueños triunfales:
El deseo ascendía, rauda llama omnipotente, y el Placer
Tenía la estatura de los dioses: los Sueños corrían por las
Grandes rutas de las estrellas; las dulces cosas comunes se
Convertían en milagros: sorprendido por la súbita
Magia del espíritu, tocado por la alquimia de una
Pasión divina, el ser del dolor compelido se transmutaba
En un intenso gozo remediando la antítesis entre el
Cielo y el infierno. Todas las altas visiones de la vida
Son allí encarnadas, sus errantes esperanzas realizadas,
Sus áureos panales captados por la ágil lengua del
Bebedor-de-miel, sus adivinaciones ardientes
Convertidas en extáticas verdades, sus violentos afanes
Apaciguados en la calma inmortal y sus inmensos
Deseos liberados.
En ese paraíso del corazón y los sentido perfectos
Ninguna nota inferior podía romper el encanto
Inextinguible de su dulzura ardiente e inmaculada;
Los pasos de la vida están seguros de su impulso
Intuitivo. Después de la angustia de la larga lucha
Del alma, el rey halló finalmente la calma y el reposo celeste
y, envuelto en el mágico flujo de horas sin
Tristeza, los miembros heridos de su naturaleza
Guerrera se curaban en los brazos envolventes de Energías
que no admitían ningún mácula ni temían su propia dicha.
En parajes vedados a la palidez de nuestros sentidos
En medio de fragancias milagrosas y maravillosos
Colores él descubría las formas que divinizan la vista.
Oía la música que puede inmortalizar la mente y tornar
El corazón tan vasto como el infinito, y captaba las
Inaudibles cadencias que despiertan la oreja oculta:
Del silencio inefable ésta la oye llegar vibrando con la
Belleza de un lenguaje sin palabras y pensamientos
Demasiado grandes y profundos para hallar una voz,
Pensamientos cuyo deseo crea de nuevo el universo.
Una escala de sensaciones que ascendía con flamígeros
Pies hasta cumbres de inimaginable felicidad, reconvertía
El aura de su ser en una refulgencia de gozo, su cuerpo
Brillaba como una concha celeste; sus puertas sobre el
Mundo eran barridas por mares de luz.
Dotada de medios celestiales, su materia albergaba
Un poder que ya no tenía necesidad de atravesar
Las barreras aduaneras cerradas de la mente y el
Cuerpo y hacer pasar de contrabando la divinidad en
La humanidad. Esta ya no reculaba ante la exigencia
Suprema de una incansable capacidad de felicidad, de
Un poder capaz de explorar su propio infinito y su
Belleza y su pasión y la respuesta de las profundidades,
Sin temor al deliquio de la bienaventurada identidad
Donde el espíritu y la carne se funden en un éxtasis
Interior anulando la querella entre el ser y la forma.
De la visión y del sonido sacaba un poder espiritual,
Hacía de los sentidos una vía para alcanzar lo
Intangible: vibraba con las influencias divinas que
Configuran la sustancia del alma más profunda de
La vida. La naturaleza terrena se alza renacida,
Camarada del cielo. Digno compañero de los Reyes
Atemporales, igualado a los dioses de los Soles
Vivientes, él compartía los radiantes pasatiempos del
Nonato, oía los susurros del Jugador nunca visto y
Escuchaba su voz que cautiva el corazón, y lo empuja
Contra el pecho del deseo de Dios, y sentía su miel
De felicidad fluir a través de sus venas como las
Riberas del Paraíso, haciendo de su cuerpo una capa
De néctar del Absoluto. En súbitos momentos de
Reveladora llama, en apasionadas respuestas a medias
Desveladas él alcanzaba los confines de éxtasis ignotos;
Un toque supremo sorprendía su anhelante corazón,
El abrazo recordaba del Maravilloso, e insinuaciones
Surgían de blancas beatitudes. La Eternidad se aceraba
Disfrazada de Amor y ponía su mano sobre el cuerpo
Del tiempo. De las Inmensidades viene un minúsculo don,
pero es inmenso el gozo que aporta a la vida; todo
El indecible Más Allá se refleja aquí. Una gota gigante
De la Beatitud incognoscible invadía sus miembros, y
El entorno de su alma se convertía en un océano de
Fuego de felicidad; él se sumergió anegado en dulces
Y ardientes inmensidades: la tremenda delicia que podía destrozar
la carne mortal, el rapto que los dioses toleran
Y él soportó, el Placer inmortal lo purificaba en su
Olas y transformó sus fuerzas en un poder imperecedero,
La Inmortalidad capturó el Tiempo y conquistó la Vida.

del Libro II - Canto IX - El Paraíso de los Dioses de la Vida


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