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De SRI AUROBINDO

El misterio del Renacimiento
de Jugal Kishore Mukherjee

Si en una noche oscura, sin luna, pero transparente, clavamos nuestra mirada en la vasta extensión del firmamento, en los billones de enjambres de estrellas de millones de galaxias, nos encontraremos ante su silencio enigmático y su carencia de vida.
Salvo un pequeño planeta (tierra) de un astro de dimensiones medianas (el sol), la inmensa totalidad del universo físico no muestra señales de vida en parte alguna, y ello desde el comienzo de la existencia de nuestro cosmos, desde el misterioso momento del Big Bang. En términos relativos, sólo en el pasado reciente emergió repentinamente la vida en ese único planeta privilegiado y fue floreciendo con variedad prolífica. Pero, por que? Puede haber algún misterio más grande que éste?

Pero además nos encontramos frente a un segundo misterio. En este fecundo reino de la vida sobre la tierra todas las cosas quedan organizadas en "unidades", ya sea como células individuales, como arboles y animales individuales, o como seres humanos individuales. Y nos preguntamos de nuevo: Porqué es esto así? Cual es el propósito que subyace tras esta formación de "individualidades"? El nacimiento del individuo es el segundo misterio de la manifestación de la vida en la tierra.

Y ahora un tercer misterio todavía más enigmático: el misterio de la "muerte" . Si la vida apareció sobre la tierra, podría muy bien haberse estabilizado sin ser recusada por ningún fenómeno adverso! Pero, extrañamente, hizo su aparición sobre la escena el gran misterio de la "muerte" , como si hubiera salido de la nada, y exigió su inalienable derecho a poner fin a toda vida individual, pasado algún tiempo más o menos largo. Pero, porqué? En palabras de Sri Aurobindo: "El nacimiento es el primer misterio espiritual del universo físico; la muerte es el segundo que añade un doble carácter desconcertante al del nacimiento; pues la vida…se convierte ella misma en un misterio en virtud de estos otros dos que parecen ser su comienzo y su fin, y sin embargo demuestran de mil maneras no ser ninguna de estas cosas, sino más bien como estadios intermedios en un oculto proceso vital". (The life Divine, Cent. Ed. Pág. 742)
Y la muerte misma no representa para nosotros el proceso final de una mistificación. Porque, aunque, de algún modo, destruya la vida, fracasa en cuanto a aniquilar al "individuo"; el individuo, al menos como alma individual, renace en el mundo de la manifestación terrena. Así pues, el "renacimiento" es el cuarto elemento de un misterio que nos deja perplejos.

El hombre ha intentado resolver estos enigmas desde el comienzo de la historia de la humanidad de la que se tiene constancia. Las especulaciones han sido muy numerosas, y diversas las teorías e hipótesis, y no se ha llegado, a un consenso y satisfacción universales. En todo caso, la solución dependerá de la naturaleza, del origen y del objeto del movimiento cósmico, y una vez que determinemos esto - tendremos que dar respuesta al problema del nacimiento, de la vida y de la muerte, al antes y al después.
La primera cuestión que tenemos que resolver es saber si el antes y el después, la situación previa al nacimiento del individuo y la posterior a su muerte, son puramente físicos. Si la materia fuera el único principio del universo, y la energía física su única "animadora", según los argumentos de los materialistas, no sería posible plantear ninguna pregunta más y tendríamos que zanjar la cuestión. Pero, por diferentes razones, todas ellas válidas, que no podemos exponer aquí, es imposible aceptar que la materia sea el principio originario y autoexistente. Por lo tanto, debemos rechazar la fácil y obvia solución materialista y recurrir a otras hipótesis.
Una de ellas es el mito religioso y la creencia dogmática en un Dios, que crea constantemente almas inmortales desde su ser y las asocia a cuerpos materiales, vivificándolos así con un principio espiritual.

Pero esta teoría oculta dos paradojas. La primera es la creación continua de seres que tienen un comienzo, pero no un final en el tiempo y, que, además, han nacido mediante el nacimiento del cuerpo físico, pero, de algún modo, no desaparecen con la disolución de este cuerpo. La segunda, es que a estos seres individuales se les asigna arbirariamente un conjunto predeterminado de cualidades, virtudes, vicios, capacidades, defectos y otras ventajas y obstáculos caracteriales, no generados en absoluto por ellos a partir de su propio desarrollo, sino establecidos para ellos por un fiat caprichoso; siendo no obstante de su utilización, correcta o incorrecta, responsables ante su creador y siendo juzgados en cierto momento, y premiados o castigados, según el caso.
Obviamente, esta hipótesis no apela a nuestra racionalidad y tenemos que ir buscando alguna otra teoría. Vamos a ver lo que sucede si partimos del postulado de que el alma humana es eterna e inmortal, sin principio ni fin. Pero incluso antes de eso veamos si el "alma" es verdaderamente una realidad o pura ficción.
Hay, en efecto, dos teorías que no admiten la inmortalidad del alma, ni su eternidad en el tiempo, ni, incluso, su realidad. Parten de términos opuestos pero llegan a una misma conclusión. Ambas comienzan con la idea fundamental de que existe una Unidad original desde la cual todas las cosas comienzan fenoménicamente, por la cual viven y en la cual dejan de existir en un momento determinado. Naturalmente, tanto la una como la otra difieren en cuanto a la naturaleza de esta Unidad primordial.
La primera afirma la existencia de un Inconsciente cósmico que crea un alma y una consciencia temporales, las cuales, tras una breve existencia quedan extinguidas y regresan a este Inconsciente original a la vez que desaparece todo rastro de su paso por el mundo.
La segunda postula una Realidad única Superconsciente: el Brahman Trascendente, el Ser eternamente inmodificable, que admite, a través de un Maya inescrutable (el poder de una ilusión creadora), la ilusión de una vida individual del alma en el mundo de una Mente y de una Materia fenoménicas, las cuales, en último término, son irreales en sí mismas. Porque, como ya dijimos al comienzo, el Ser-en-sí único, inmutable y eterno, o Espíritu, es, según esta hipótesis, la única realidad: todo lo demás, cualquier cosa que sea, puede existir pragmáticamente por un espacio limitado de tiempo, pero exento de realidad.
Hay una tercera teoría que no acepta la existencia del Inconsciente primigenio ni del Superconsciente original, sino de una Nada o Vacio como estrato subyacente. Existe una energía en constante devenir, impuesta "por alguna razón" a este Nirvana, denominada Karma, que tiene la facultad de crear la ilusión de la existencia de un persistente individuo o alma mediante una continuidad constante de asociaciones. Su analogía simplista puede ser la de un enjambre de abejas que abandonan la rama de un árbol determinado para posarse en la de otro distanciado. Ahora bien, mientras vuelan, esta multitud de "abejas" (sankaras, sensaciones, etc.) producen la falsa impresión de la existencia de un "alma individual" en movimiento. Pero si el enjambre se dispersa y el grupo artificial se desintegra, todo ello se desvanece; del mismo modo, si los sanskaras, sensaciones, etc.. "aglutinados" se disocian, la ficticia individualidad del alma humana, creada artificiosamente, desaparece.

Ahora bien, en sus efectos prácticos sobre los problemas de la vida de la humanidad, las tres teorías se reducen experimentalmente a una. En todas ellas, el alma aparente o individualidad espiritual de la criatura no es inmortal en el sentido de eternidad en el tiempo, sino que tiene un comienzo y un final; es, en el mejor de los casos, una creación de la Fuerza-Naturaleza, o del Maya, o del Karma o Acción Cósmica del Inconsciente o del Superconsciente originales, y, por consiguiente, carece intrínsecamente de continuidad en su existencia. En las tres, el "renacimiento" del "individuo" es, o innecesario, o incluso ilusorio, porque ninguna de ellas asume ningún propósito último de realización aquí en la tierra. Así pues, todo lo que puede pedirse para un "ser consciente", engendrado accidentalmente como parte de una creación sin designio es un nacimiento único . Por analogía podemos verlo como una ola que se levanta sobre la superficie del mar manteniéndose visible durante medio minuto, poco más o menos, para desaparecer después de vuelta a sus indiferenciadas aguas.
Del mismo modo que la ola, un ser individual emerge a la existencia en el mar de un devenir real o imaginario y en el que con toda seguridad zozobrará y dejará de existir; no es, en absoluto, eterno, y su única "inmortalidad" consiste en una continuidad más o menos larga en el Devenir; no es una Persona real y siempre existente, que mantiene y experimenta la corriente de fenómenos en continuo despliegue.
Para las teorías de este género no es indispensable que exista una entidad psíquica , siempre la misma, que persista y asuma un cuerpo detrás de otro, una forma tras otra, hasta que es apartada de la manifestación terrestre por el cese del impulso original que creó este ciclo. "En ninguna de estas teorías de la existencia el renacimiento es una necesidad absoluta o un efecto inevitable de la teoría". (The Life Divine, pagina 747).

Vamos ahora a considerar algunas de las teorías de la existencia alternativas que admiten la realidad y la inmortalidad del alma humana, si bien, aparte de este acuerdo básico, difieren de muchas maneras entre sí, tanto en sus aproximaciones como en sus conclusiones finales. El punto de partida en cuanto a la divergencia es bastante sutil. Vamos a dilucidarlo con calma.
Si se reconoce que el alma es un ser inmortal y real en la existencia, también debe reconocerse que es eterna en el tiempo, sin comienzo en el pasado e igualmente sin final en el futuro. Pero incluso si la realidad individual es reconocida como eterna, se mantienen aquí dos posibilidades separadas: o puede tratarse de un yo inalterable, no afectado por la vida y sus giros, o de una Persona espiritual eterna que manifiesta un flujo de personalidad cambiante.
Si se trata de tal persona, puede manifestar únicamente este flujo de personalidad en un mundo de nacimiento y muerte mediante la sucesión de cuerpos consecutivos; es decir, por renacimientos constantes o repetidos en las formas de la Naturaleza.

Los lectores deben haber notado que hemos empleado a consciencia la expresión de renacimientos "constantes" o "repetidos". Pero, por qué la mención de estos procedimientos alternativos?
La razón es que una teoría particular puede aceptar o no un segundo postulado básico: el postulado de la existencia de muchos otros mundos de manifestación suprafísicos, aparte de nuestro bien conocido plano de existencia físico.
Si una teoría no acepta la existencia de ningún reino de manifestación suprafísico, siendo la vida y el cuerpo terrestres los únicos campos de actividad para la persistencia de un alma sin evolución deberá adoptar una idea semejante a la de la "transmigración pitagórica". Pero en la transmigración pitagórica, tal como la conocemos, el renacimiento está limitado a una sucesión constante o transmigraciones directas del alma de un cuerpo a otro; se supone que a la muerte le sigue inmediatamente un nuevo nacimiento sin ninguna posibilidad de un intervalo. El paso del alma es, por lo tanto, una circunstancia en la serie ininterrumpida de un procedimiento material. El alma no consigue liberarse de la materia; está atada perpetuamente a su instrumento físico, el cuerpo material, y depende de él para la continuidad de su existencia manifiesta.
Pero hay una teoría alternativa que trata de superar esta laguna de la hipótesis pitagórica de la transmigración directa e inmediata del alma. Tal teoría acepta la existencia de muchos mundos de manifestación suprafísicos y la posibilidad del alma humana de moverse hacia estos mundos tras la disolución del cuerpo físico. En tal caso, se evita la necesidad de un renacimiento constante e inmediato , y se acepta la capacidad del alma para pasar a otros mundos y efectuar después un retorno al nacimiento terrestre. Pero incluso esta teoría modificada no necesita automáticamente para el alma una serie interminable de renacimientos repetidos sobre la tierra. Porque, puede suponerse que la personalidad humana, una vez que es capaz de alcanzar otros planos más allá del físico, puede no preocuparse de regresar de estos planos superiores suprafísicos, sino de proseguir su existencia en ellos. De este modo habría dado fin al proceso evolutivo de su vida en la tierra.

Ahora entramos en la teoría avanzada o el más antiguo vedantismo adwaita basada en las enseñanzas de los Upanishads. Esta teoría admite un devenir temporal y real del Eterno y, por lo tanto, de un universo verdadero. El individuo también asume una realidad suficiente en esta teoría, porque cada uno de ellos es en sí mismo el Eterno, el cual sostiene a través del individuo las experiencias de la vida en la manifestación.
El continuado girar de esta rueda de manifestación se debe a dos factores: el "deseo" (tanha, grsna) del individuo por la existencia, y la "ignorancia" del Ser-en-sí eterno por parte de la mente (avidya). Es este doble obstáculo el que mantiene al individuo apegado y atado a las preocupaciones del devenir temporal. Una vez que desaparecen este "deseo" y esta "ignorancia", el Eterno en el individuo se retira de las mutaciones de la personalidad y experiencia individuales en el Ser intemporal, inespacial, impersonal e inmutable.
Así pues, la realidad del alma individual es completamente temporal en esta teoría; no tiene una fundamentación duradera, ni tampoco una recurrencia perpetua en el tiempo. "El renacimiento" como Sri Aurobindo ha señalado, "aunque realidad importantísima en este enfoque del universo, no es una consecuencia inevitable de la relación entre la individualidad y el propósito de la manifestación. Porque la manifestación parece no tener más propósito que la voluntad del Eterno en pos de la creación del mundo, y solamente puede detenerse por la retirada de esa voluntad…La voluntad de creación podría entonces cumplirse a través de una asunción temporal de la individualidad en cada nombre y en cada forma, una simple vida de muchos individuos impermanentes". ("The Life Divine, ", Cent.Ed.Pag.753).

Aquí acaba nuestra rápida investigación de todas las posibles teorías de la existencia y de sus opiniones con respecto al problema del renacimiento del individuo. Este breve resumen muestra que el "renacimiento es un asunto complejo", como Sri Aurobindo ha enfatizado en una de sus cartas. (Letters on Yoga, pag. 448).
Pero esto es sólo un estudio preparatorio. Nuestra verdadera intención en este capítulo es conocer lo que la filosofía del yoga de Sri Aurobindo tiene que decir en relación al problema del renacimiento y su propósito y culminación sobre la tierra. La siguiente sección estará dedicada a este tema, y la elaboración se basará en su mayor parte en las palabras de Sri Aurobindo, aunque algunas veces de forma abreviada y adaptada.


El Renacimiento en la vision del Yoga Integral

El universo es un proceso autocreativo de una Realidad suprema, cuya presencia universal hace del Espíritu la sustancia de todas las cosas en la existencia. Todas las cosas están aquí como poderes, medios y formas de manifestación de este Espíritu.
"Sachchidananda" (una Existencia absoluta e infinita, una Consciencia absoluta e infinita, una Fuerza y una Voluntad absolutas e infinitas, una Felicidad de ser absoluta e infinita) es la Realidad suprema secreta detrás de todas las apariencias del universo. Su Supermente (la Mente Divina o Gnosis) es el agente creativo real y ha concertado el orden cósmico, no directamente como tal, sino indirectamente, a través de los tres términos subordinados y limitadores de la Mente, la Vida y la Materia.

El universo material es el estadio más bajo de una inmersión descendente de la manifestación que conduce a la involución del ser manifestado de Sachchidananda hasta una autoconciencia recuperada, era inevitable desde el mismo comienzo; y esto es lo que está ocurriendo sobre la tierra.
Ahora bien, es a través de un ser individual consciente como se hace posible esta recuperación; es en él donde la consciencia en desarrollo se organiza y es capaz de despertar a su propia Realidad. La inmensa importancia de un ser individual, que crece cuando se eleva en la escala de la evolución, es el hecho más extraordinario y significativo de un universo que se inició sin consciencia ni individualidad en una Nesciencia indiferenciada. Esta importancia sólo puede ser justificada si el Ser-en-sí como Ser o espíritu cósmico y si ambos son poderes del Eterno Trascendente. Sólo así puede ser explicada la necesidad de desarrollo del individuo y de descubrimiento de sí mismo como condición para el descubrimiento del Ser y de la Consciencia Cósmica y de la Realidad suprema. Así pues, el mundo es real, el individuo es real, la manifestación es real y no ilusoria o sin propósito alguno detrás de ella. Hay un gran propósito y ese propósito es el de ser el comienzo de la manifestación plenaria del Divino Trascendente en el tiempo y en el espacio.
Y si adoptamos esta hipótesis nos conducirá a dos importantes inferencias: (i) a la realidad del individuo persistente, y (ii) a la necesidad de que el individuo tenga que renacer, de alguna manera, para el despliegue del propósito cósmico intentado.
La siguiente conclusión que se sigue es que el nacimiento humano del individuo constituye un término al que el alma tiene arribar en la larga sucesión de renacimientos; debe haber tenido en esta sucesión de , durante sus estados previos preparatorios, las formas de vida inferiores sobre la tierra; ha tenido que pasar a través de toda la cadena que la vida ha seriado en el universo físico sobre la base del cuerpo, el principio físico.

Ahora surge la pregunta de si, una vez que el nacimiento humano es logrado por el alma individual, continúa todavía la necesidad de renacer, y, si es así, cómo y por qué clase de secuencias? Pero incluso antes de que tengamos que decidir sobre otra cuestión, por qué la sucesión de muchos nacimientos humanos y no de uno solo? La respuesta a esta segunda pregunta es simple. Por la misma razón que ha hecho que el nacimiento humano mismo sea un punto culminante de la sucesión pasada, de la serie ascendente previa . Este es el motivo de la inexorable necesidad de la evolución espiritual siempre en ascenso:

"Toda la vida está sujeta a una escala ascendente e inflexible es la Ley de la evolución; en el comienzo está preparado el final."
(Savitri, Cent.Ed.pags.342-343)

Así pues, el alma no ha finalizado ciertamente lo que tenía que hacer mediante el simple desarrollo en la humanidad, todavía tiene que desplegar esa humanidad en sus propias posibilidades superiores. Podemos dudan con razón de si incluso un Platón o un Shankara hacen del nacimiento humano la cima, significando el final del afloramiento del Espíritu en el hombre. De todos modos, toda alma individual debe, al menos, alcanzar el punto más alto actual, antes de liquidar la recurrencia de los nacimientos humanos en el individuo.

Pero hay algo todavía más lejos. Porque, después del máximo desarrollo humano posible, el hombre está obligado a moverse desde la ignorancia y la vida limitada, que vive actualmente en su mente y en su cuerpo, al Conocimiento y a una vasta vida espiritual. Al menos, la apertura del espíritu en él, el conocimiento de su ser verdadero y el desarrollo de una vida espiritual auténtica, como diferenciada de una vida ético-religiosa, deben ser alcanzados antes de que pueda ir definitivamente y por siempre a otra parte.

Pero incluso esto no es todo. Todavía hay más. Porque, puesto que la imperfección del hombre no es la última palabra de la Naturaleza, su perfección espiritual tampoco es la cima del Espíritu.

La mente, el principio fundamental actual que el hombre ha desarrollado, no es el más elevado. La mente misma tiene también otros niveles espirituales hasta ahora sólo imperfectamente poseídos por tipos desarrollados de la especie humana. Por lo tanto, es inevitable, para encarnarlos, una prolongación en la línea de la evolución y, consecuentemente, en la línea ascendente del renacimiento. Y todavía hay un lejano más allá. Porque la Supermente, como un poder de consciencia, está oculta aquí en la evolución terrestre. Por tanto, la secuencia de renacimientos no puede estancarse aun cuando hayan sido poseídos los planos de la mente espiritual. No puede detenerse en su ascenso antes de que la mente haya sido reemplazada por la naturaleza supramental, y un ser supramental encarnado se convierta en el conductor de la existencia terrestre.

Esta es , pues, la fundamentación filosófica y racional del fenómeno del renacimiento en la vida terrena, y está apoyada por la experiencia-visión espiritual del Yoga Integral.


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