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De SRI AUROBINDO

RAZÓN, CIENCIA Y YOGA
El pensamiento y la experiencia espiritual


Leí el artículo de Leonard Woolf, pero no tengo la intención de ocuparme de él en mis comentarios sobre la carta del profesor Sorley - porque aparte de la condena ignorante y la sátira mezquina a las que se entrega, no existe gran cosa en su requisitoria contra el pensamiento o la experiencia espirituales; su razonamiento es superficial y brota de una incomprensión total de la condición mística. Opone cuatro argumentos y ninguno de ellos tiene siquiera una mínima validez.


Argumento número uno: "El misticismo y los místicos han aparecido siempre en los períodos de decadencia, en el retroceso de la vida, y su ruidoso graznido es un síntoma de la decadencia."

Este argumento es absolutamente falso. En Oriente los grandes movimientos espirituales han emergido en pleno torrente de vida y de cultura de un pueblo, o en una marea ascendente, y ellos mismos han dado un impulso poderoso de expresión y de riqueza a su pensamiento, a su Arte, a su vida; en Grecia, los místicos y los misterios estaban allí al comienzo de su prehistoria y en su apogeo (Pitágoras fue uno de los más grandes místicos) y no solamente en su retroceso y en su ocaso; los cultos místicos fueron florecientes en Roma cuando su cultura estaba en su cima; muchas de las grandes personalidades espirituales de Italia, Francia y España surgieron en una vida que era rica, vivaz y no tocada en lo más mínimo por la decadencia. Esta generalización apresurada y estúpida no contiene ninguna verdad y por consiguiente carece de valor alguno.


Argumento número dos. "Una experiencia espiritual no puede ser tenida por verdadera (es una quimera) a menos que sea sometida a prueba, exactamente igual que la presencia de una silla en la habitación de al lado puede ser comprobada mostrándola a la mirada."

Evidentemente, la experiencia espiritual no puede ser probada de esa manera, porque no pertenece al orden de los hechos físicos y no es físicamente visible o tangible. La proposición del autor vendría a ser esta: que solamente lo que es o puede llegar a ser fácilmente evidente a todo el mundo, sin necesidad de preparación, desarrollo, dotes o descubrimiento personal, puede ser considerado verdadero. Esta es una posición que, si es aceptada, confinaría el conocimiento o la verdad a unos límites muy estrechos y rechazaría una gran parte de la cultura humana. Una paz espiritual - la paz que sobrepasa a todo entendimiento- es una experiencia común a los místicos de todo el mundo; es un hecho pero un hecho espiritual, un hecho de lo invisible, y cuando se entra en él o él ha entrado en uno, uno sabe que eso es una verdad de existencia y que está ahí siempre detrás de la vida y de las cosas visibles. Pero, como podría yo probar estos hechos invisibles al señor Leonard Woolf? Nos daría la espalda diciendo que es el graznido decadente habitual y se alejaría con desprecio, quizás para escribir hábilmente otro artículo banal sobre algún tema del que personalmente no tiene ningún conocimiento ni experiencia alguna.


Argumento número tres: "Las generalizaciones fundamentadas sobre la experiencia espiritual son tan irracionales como indemostrables."

¿Irracionales, de qué manera? ¿Son simplemente estúpidas e inconcebibles, o pertenecen a un orden de experiencia suprarracional al que los cánones intelectuales ordinarios no se ajustan porque éstos se fundamentan sobre los fenómenos tal como se muestran a la mente a los sentidos exteriores, y no a una realización interior que sobrepasa a tales fenómenos? Eso es lo que argumentan los místicos, y no puede ser descartado diciendo simplemente que, como estas generalizaciones no se ajustan a la experiencia ordinaria entonces están desprovistas de sentido y son falsas. Yo no me propongo defender todo lo que han podido escribir Joad o Radhakrisnan - como la declaración de que "el universo es bueno" - pero tampoco puedo en absoluto admitir, a tenor de las declaraciones de condena hechas por el autor, que eso sea irracional.
"Integrar la personalidad" puede no tener sentido alguno para él, para mi tiene un sentido muy claro, porque es una verdad de experiencia - y si hay que creer en la psicología moderna, eso no es irracional, puesto que en nuestro ser existe no solamente una parte consciente sino también una parte inconsciente o subconsciente o subliminal oculta y no es imposible llegar a ser consciente de ambas y hacer una especie de integración. Trascender las dos, también puede tener una significación racional si nosotros admitimos que del mismo también puede haber una parte superconsciente; reconciliar las partes dispares de nuestra naturaleza o de nuestra experiencia no es tampoco una expresión tan ridícula ni tan desprovista de significación. No es absurdo decir que la doctrina del karma reconcilia determinismo y libre albedrío, pues supone que nuestras propias acciones pasadas y, en consecuencia, nuestro pasado determinarán en gran medida los efectos presentes, pero no hasta el punto de excluir una voluntad presente que las modifique y cree un nuevo determinismo de nuestra existencia futura. La frase sobre el valor del mundo es completamente inteligible cuando vemos que se refiere a un valor progresivo, no determinado por la experiencia buena o mala del momento un valor de existencia desplegándose a través del tiempo y tomado como un todo.
En cuanto a la declaración acerca de Dios, no tiene sentido y son falsas. Yo no me propongo defender todo lo que han podido escribir Joad o Radhakrisnan - como la declaración de que "el universo es bueno" - pero tampoco puedo en absoluto admitir, a tenor de las declaraciones de condena hechas por el autor, que eso sea irracional. No tiene sentido alguno si se la considera bajo el punto de vista de la idea superficial del Divino corriente en la religión popular, pero es una consecuencia perfectamente lógica de las premisas según las cuales existe un Eterno e Infinito que manifiesta en él mismo el Tiempo y las cosas que son fenoménicamente finitas. Uno puede aceptar o rechazar esta idea completa del Divino fundamentada en la coordinación de datos de una larga experiencia espiritual transmitidos por miles de buscadores de todos los tiempos, pero yo no llego a ver por qué eso debería ser considerado como disparatado. Si el motivo es porque eso significa "tener esa idea Divino no solamente de dos maneras sino de todas las maneras" no veo porqué eso sería tan reprensible e inadmisible. Después de todo puede haber una visión sintética y global y una consciencia de las cosas que no está atada por las oposiciones y divisiones de una inteligencia puramente analítica y selectiva o deseccionadora.


Argumento número cuatro: "El recurso a la intuición no es más que un pretexto para disimular la incapacidad de explicar o demostrar por medio de la razón, Joad y Radhakrisnan razonan, pero se refugian en la intuición cuando su razonamiento falla."

¿El problema puede ser resuelto de una manera tan fácil y tajante? El hecho es que la mística se apoya sobre un conocimiento interior, sobre una experiencia interior; pero si él se pone a filosofar, debe intentar explicar por medio de la razón, lo que él ha visto de la Verdad. El no puede decir: "Yo explico una verdad que está más allá de los fenómenos; reposa en realidad sobre una cierta clase de experiencia directa y sobre el conocimiento intuitivo que emerge de esta experiencia, que no puede ser comunicada correctamente por unos símbolos adaptados al mundo de los fenómenos exteriores, y sin embargo estoy obligado a utilizar de la mejor manera posible estos símbolos para ayudarme a expresar algo que os sea intelectualmente aceptable." No hay malicia ni astucia mentirosa, por lo tanto, en utilizar metáforas y símbolos acompañados de un oportuno, "por así decir", como en el símil de fuego, que ciertamente no intenta aportar como argumento sino como una imagen sugestiva. Puedo ver de pasada que el autor mismo se refugia frecuentemente en la metáfora, comenzando por el graznido, y Joad muy bien podría responder que él lo hace para dañar al adversario, mientras evita la necesidad de una respuesta metafísica sólida a la filosofía que él detesta y repudia. La intensidad de una creencia no es la medida de la verdad, pero tampoco la intensidad de la incredulidad es una medida justa.

En cuanto a la verdadera naturaleza de la intuición y su relación con la mente intelectual, se trata de una cuestión totalmente distinta, muy amplia y muy compleja, que no puedo tratar aquí. Me he limitado a resaltar que este artículo es una crítica completamente inadecuada y superficial. Uno puede llevar a cabo un proceso contra la experiencia espiritual y la filosofía espiritual y sus posiciones, pero para merecer una respuesta seria debería ser expuesto por un abogado mejor y tocar el centro real del problema aquí subyace.
Del mismo modo que existe una categoría de hechos para los cuales nuestros sentidos son los mejores guías disponibles, aunque muy imperfectos, del mismo modo que existe una categoría de verdades que nosotros buscamos con la inteligencia afinada pero, sin embargo, imperfecta de nuestra razón; así también, según los místicos, hay una categoría de verdades más sutiles que sobrepasan la comprensión tanto de los sentidos como de la razón, pero que pueden ser verificadas por un conocimiento interior directo y una experiencia directa. Estas verdades son suprasensibles, pero no por eso son menos reales: ellas tienen consecuencia s inmensas sobre la consciencia, cambiando su sustancia y su movimiento, particularmente aportando una paz profunda y una alegría duradera, una gran sabiduría de visión y de conocimiento, una posibilidad de superar la naturaleza animal inferior, perspectivas de un autodesarrollo espiritual que sin ellas no existe.

Surge una nueva visión de las cosas que conlleva, si se persigue hasta sus últimas consecuencias, una gran liberación una armonía interior, una unificación, además de otras muchas posibilidades. Estas cosas han sido experimentadas, es verdad, por una pequeña minoría de la especie humana, y sin embargo ha existido una multitud de testimonios independientes con respecto a ellas en todas las épocas, en todos los climas y en todas las condiciones, y entre ellos se encuentran algunas de las figuras más relevantes del mundo.

Estas posibilidades, ¿deben ser condenadas inmediatamente como quimeras porque están, no solamente fuera del alcance del hombre de la calle, sino que también son difícilmente asequibles incluso a muchos intelecto cultivados, o porque su método es más difícil que el de los sentidos ordinarios o de la razón? Si en estas experiencias existe alguna verdad, ¿no vale la pena que esta posibilidad que ellas abren sea perseguida, ya que revelan un orden más elevado de descubrimiento de uno mismo y del descubrimiento del mundo por el alma humana? En el mejor de los casos, si la consideramos sólo como una posibilidad - es una gran aventura que podría llegar a ser muy fructífera.
S.A. 22:185-189


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